Coplas rescatadas, memoria viva: Almazuela y José Antonio Ramos en el cierre del teatro alpujarreño
por Francisco Molina Muñoz
Director de Padul Cofrade
Lanjarón, 15 de diciembre de 2025
Una clausura con doble latido en el Salón de Baile del Balneario de Lanjarón: primero, el teatro aficionado que levanta carcajadas y orgullo de comarca; después, el Coro “Almazuela” devolviendo al presente un repertorio casi perdido: las coplas de ánimas recuperadas gracias al trabajo paciente de José Antonio Ramos Muñoz.
Lanjarón cerró la XXX Muestra de Teatro Aficionado de la Alpujarra con una tarde que fue mucho más que un final de ciclo. En el Balneario —en ese salón con memoria de fiesta, de baile y de vida— sonaron primero las voces del pueblo convertidas en música: las coplas de ánimas que “Almazuela” ha rescatado del olvido. Y después llegó el teatro, con el grupo “Alegría” de Ugíjar desatando risas a golpe de ocurrencia y oficio humilde. Al final, ramos, recuerdos, agradecimientos y un anuncio que ya mira al futuro: la próxima edición se celebrará en El Ejido.
Almazuela y el tesoro escondido de Lanjarón: coplas de ánimas en la clausura de la XXX Muestra de Teatro Aficionado de la Alpujarra
Hay lugares que conservan una forma de hablarle al tiempo. El Salón de Baile del Balneario de Lanjarón es uno de ellos: un espacio que, cuando se encienden las luces y el público toma asiento, parece recuperar de golpe sus muchas vidas. La del ocio elegante de otros días, la de los encuentros populares, la de la música y la palabra compartida. Allí se celebró la clausura de la XXX Muestra de Teatro Aficionado de la Alpujarra, y lo que ocurrió esa tarde tuvo dos almas muy claras: la del patrimonio recuperado y la del teatro hecho desde la gente.
Un arranque con olor a otoño y memoria
La presentación del acto —a cargo de María Soledad Ramos López, antigua directora del Balneario de Lanjarón y dinamizadora cultural incansable— no fue un trámite ni un “hola y gracias”. Fue una invitación a entrar en Lanjarón por una puerta literaria, casi sensorial, de esas que te colocan en el sitio exacto antes de que suene la primera nota.
La mejor forma de insertarla —y la que más sentido tiene en una crónica— es dejarla como “apertura” del bloque musical, porque enmarca lo que viene: el Canto de las Ánimas como historia viva del pueblo. La reproduzco aquí de forma literal, tal como la has transcrito:
“Por la agreste serranía, avanzaba el otoño, las tardes cortas, las veladas largas, degustadas a la templanza de la chimenea.
Todos los meses del anuario tienen un sobrenombre. El de noviembre: el mes de las ánimas; que, por esas fechas, como aves migratorias que lo fuesen, flotaban invisibles, por este lugar, Lanjarón, el ámbito lugareño.
Gozaba Lanjarón de un abolengo, longincuo, heredamiento de aquellos que aquí vivieron: mahometanos y judíos.
Mediaba la tarde y plateaba las plañideras; en la tibieza del ocaso convive con la hirviente paciencia de los gorriones, que reclama su posadero.
A la noche, la congregación masiva y el novenario de las Ánimas, protectoras de la adoración nocturna. Noche grande para los monaguillos, que saboreaban el potaje, el asado de castañas, entre buchada y buchada de aguardiente y aquella blancura desplegada.
El novenario de las Ánimas, arreado de severidad imponente, cruzaba lentamente el oleaje humano, con una destellante blancura y airosa como la vela de un navío.
Aquí nos regala Juan Gutiérrez Padial, en su libro Lanjarón: Historia y Tradición, la trayectoria del Canto de las Ánimas y de la Hermandad de las Ánimas en Lanjarón. Y acaba diciendo en este párrafo:
‘Pronto, el aporreo del teclado apoyatura del canto lúgubre, desnudo, donde se puede escuchar el lamento dolorido de la madre.’”
Ese texto, dicho en voz alta, hizo algo muy importante: silenció la sala de una manera distinta. No era “vamos a empezar”, era “escuchad: esto viene de lejos”.
Primero, el coro: el regreso de las coplas de ánimas
El orden de actuación fue el correcto para lo que se pretendía: primero el Coro de Música Tradicional de Lanjarón “Almazuela” y después el teatro. Porque lo que trajo el coro no era una actuación cualquiera: era una restitución.
Coro de Música Tradicional de Lanjarón “Almazuela” y su director José Antonio Ramos Muñoz
Abrió el bloque José Antonio Ramos Muñoz, que no solo dirige; también investiga, reconstruye, pregunta, contrasta y ordena. En la entrevista que me pasaste —y que ayuda a entender lo que vimos— se percibe con claridad que esto no nace de la casualidad ni de un ensayo suelto: detrás hay años de búsqueda y la conciencia de estar protegiendo un patrimonio frágil, de esos que desaparecen sin hacer ruido cuando la gente mayor se va y ya nadie recuerda la letra exacta o el giro de la melodía.
La emoción del público no vino solo por lo bonito de la música. Vino por saber —aunque sea de forma intuitiva— que lo que sonaba allí ha estado a punto de perderse.
Una imagen de la actuación del Coro de Música Tradicional de Lanjarón “Almazuela”
En lo musical, un detalle que no debe pasar desapercibido: José Antonio Jiménez Bueno, al clarinete, puso ese hilo fino que sostiene y eleva. El clarinete, cuando entra bien en este tipo de repertorio, no “adorna”: acompaña, subraya, hace respirar a la melodía.
Almazuela interpretó varias piezas del repertorio rescatado (coplas de ánimas y otras canciones populares), y el bloque se cerró con un gesto precioso: repitieron la primera copla de ánimas —como quien deja la puerta abierta para que la memoria vuelva a entrar— y ofrecieron en primicia el villancico “prenavideño” compuesto por José Antonio Ramos Muñoz: “Llega la Navidad”.
Ese final tuvo, además, un escenario con encanto propio: el precioso fondo en forma de concha, reminiscencia de tiempos pasados, situado aproximadamente a mitad de la pared del salón. Un detalle arquitectónico que, esa tarde, pareció hecho a medida: como si el Balneario recordara de golpe que nació para la música y para la palabra.
Después, el teatro: “Alegría” y el aplauso que se contagia
Tras el coro, tomó el relevo el grupo de teatro aficionado “Alegría”, de Ugíjar, con dos piezas cortas y humorísticas: “Florentino el adivino” y “El muchacho del Niceto”.
Lo mejor de este tramo fue la reacción del público: aplausos, risas francas y hasta carcajadas en cada salida ingeniosa del texto. Y ahí está la clave del teatro aficionado cuando funciona: no necesita grandes artificios; necesita ritmo, verdad y valentía.
Momento de la actuación del Grupo de teatro "Alegría" de Ugíjar. “Florentino el adivino”
Los actores —todos aficionados, en su mayoría personas de la tercera edad— hicieron una labor digna de admiración. Porque no es fácil sostener la comicidad sin caer en lo fácil, ni mantener la atención sin oficio. Y allí lo lograron: con presencia, con gesto, con ese punto de naturalidad que solo se consigue cuando uno se cree lo que está contando.
La Muestra de Teatro Aficionado de la Alpujarra cumple treinta ediciones por cosas como esta: porque existe una red humana que se mueve, se organiza y se sube a las tablas para regalarle al público una tarde buena. Una tarde de las que se comentan luego en la puerta, en el coche, en casa.
Grupo de teatro "Alegría" de Ugíjar, al finalizar su actuación, junto al alcalde de Lanjarón y organizadores
Un cierre con gratitud, ramos y futuro
Al final, llegaron los gestos que también son cultura: el reconocimiento y el agradecimiento. Se entregó un ramo de flores a María Soledad Ramos López, y un recuerdo tanto para el coro como para el grupo de teatro.
Hubo palabras de agradecimiento al Ayuntamiento, representado en el acto por el alcalde de Lanjarón, Eric Escobedo, a las Diputaciones Provinciales de Granada y Almería, al Balneario y, por supuesto, a todas las personas participantes en la Muestra y en la actuación musical.
Coro de Música Tradicional de Lanjarón “Almazuela” y Grupo de teatro "Alegría" de Ugíjar en el ecenario de la concha
El alcalde tomó la palabra y agradeció la implicación de todos: los que actúan, los que organizan, los que apoyan y los que asisten. Y se lanzó el anuncio que ya coloca el listón en el mañana: la próxima edición de la Muestra de Teatro se celebrará en El Ejido, animando a vecinos y amantes del teatro popular a acudir y seguir haciendo comarca.
Lo que queda cuando se apagan las luces
Me quedo con una imagen clara: la de un salón antiguo que vuelve a llenarse de sentido. Y con dos certezas.
La primera: el teatro aficionado no es un “relleno” cultural. Es comunidad en movimiento. Es gente que se atreve y que se expone para que el resto disfrute.
La segunda: el trabajo de rescate de las coplas de ánimas —y, en general, del patrimonio inmaterial— es una tarea seria, necesaria y urgente. Lo que no se canta, se pierde. Lo que no se documenta, se desdibuja. Y lo que no se transmite, termina por desaparecer.
Por eso esta clausura no fue solo una clausura. Fue un recordatorio: en Lanjarón hay un tesoro escondido que vuelve a sonar. Y mientras haya personas como José Antonio, y grupos como Almazuela, ese tesoro seguirá teniendo voz.