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Pregón de Semana Santa de Granada 2003
Pronunciado por: Don Jorge de la Chica Roldán

¿Pero a donde irá ese día el melancólico y el contemplativo? ¿No podría sentirse turbado entre la muchedumbre que le pisa, el humo de las fogatas que le asfixia y la deslealtad de los irreverentes que no se puede erradicar de la masa? Pues al melancólico y al contemplativo, Granada también pone ese día un mirador para la procesión de los Gitanos, porque justo enfrente del Sacromonte, está el Cerro de Santa Elena, la pintoresca silla del Moro, y un poco más abajo el Camino y la Fuente del Avellano, palcos todos privilegiados para ver y oír la magia del Consuelo al que un ilustre Pregonero cantara así:

Estás mirando a Granada
desde ese Monte sagrado,
salvándonos con tu muerte,
y redimiendo los pecados.
Y Tú con tus cuatro clavos
que te han puestos unos bandidos
y te quitan los gitanos.
Están las sienes con sangre
y están desechas las manos,
rotas por el hierro sucio
que te hinca algún malvado.
Y Tu, con tus cuatro clavos
que te han puesto unos bandidos
y te quitan los gitanos.
¡Padre mío del Consuelo,
en la Cruz crucificado,
entre gritos y cantares
de un pueblo que te ha matado!
Y Tú, con tus cuatro clavos
que te han puesto unos bandidos
y te quitan los gitanos,
que te arrancan tus cofrades
y te alivian los hermanos
de una Hermandad agradecida
a un Cristo desconsolado.

¿Habrá dolor más hondo y más humano que el de Nuestra Señora del Amor y del Trabajo? El crepitar cristalino de tus bambalinas no consigue alterar tu duelo, ni tampoco las cinco lágrimas que se derraman por carita de pena, desde tus ojos brutalmente enrojecidos. ¡Cuánto el sufrimiento de María! ¡Cuánto tuvieron que desgarrar su amor maternal cada uno de los azotes, de las espinas de la corona que se clavaron en las sienes de su Hijo, cada una de sus tres caídas, el desgarro lacerante de arrancarle la túnica agarrada a sus carnes ensangrentadas, cada uno de los tres clavos que le hincaron y la lanzada con la que le certificaron su muerte!.

¡Que pensarán este Sábado Santo Fray Pedro Dueños y Fray Juan de Cetina, los franciscanos muertos mártires en la puerta de la mezquita sobre la que hoy se eleva el templo de Santa María, cuando no acudas este año a tu cita! ¡Por quien lloraran esta noche las fuentes de la Alhambra en la noche callada! Los bosques de la Sabika estarán más tristes que nunca, por no servir de cúpulas sus hojas verdes, ni de goticistas nervaduras góticas sus ramas .

He dicho.

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