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Pregón de Semana Santa de Granada 2005
Pronunciado por: Don Escolástico Medina García

…Y me fui a verla de paisano a paisana en su convento sevillano y, al pie de un Tiziano, aquella monja a la que había que besas el hilo de penitencia de su hábito, y que tanto tiene que ver con este lugar desde el que hablo, desde el que pregono ( tal vez, quizá, el ultimo pregón de la vida), fue y me dijo, sin haber perdido su acento granadinisimo: "Hombre, con que usted, joven, es granadino, ¿eh? Pues, sepa usted que Granada es Reino de Taifas, pero que sólo se echa a la calle, a encontrarse en los momentos de la vida y sobre todo en sus demostraciones de fe y de su Semana Santa".

… Y también de pregonar. Y también de ordenar. Ordenar en el desorden de cada vida en un mundo. Cada cíngulo, una historia. Cada penitencia, un planeta. Y mediar para que la brasa no sea solo ceniza. Reunir en le diáspora tan granadina y defender cuando nadie defiende lo que es de uno, defender a las tres, que son declinaciones del verbo ama. Yo añado el compromiso de defender, que es muy nuestro, el de no decir lo que tenemos, como granadinos, el de no contar de lo que somos capaces, simplemente por que ya es bastante con que nosotros lo sepamos y lo disfrutemos, en este caso, lo sepamos, lo suframos, y no lo compartimos.

¡Ay, esas costaleras! ¡Qué seria de la Semana Santa de Granada sin las costaleras! De alhelí y de sangre, de oreja y rezo. De la Caridad, del Trabajo y de la Paz, los cofrades. ¡Ay, ese color rosa salmón de los Dolores. Ese rosa con espinas del uniforme de sus cofrades…! ¡Ay, ese Cristo de los presos, para un corazón tan cargado de penas, como el de uno, Rescátame Dios mió, del miedo y las miserias humanas. Virgen Dolorosa, en tierra de Dolorosas, San Juan, tan cerca, por la Plaza del Realejo…¡Ay, ese Huerto de los Olivos que uno ha visto y a tocado y ha llorado, con el casco de guerra, allí donde aun vivía y esta viva la historia viva y el la higuera de dos mil años, que sólo da higos venenosos…se ve la huella de la cuerda de Judas!

¡Ay esa calle Elvira donde habitan las manolas el Viernes Santo por la noche! ¡Insisto, ay, esa chia sonando, nos e si sonando, mas bien estremeciendo, de la Soledad y del Descendimiento, por la calle de la Misericordia! Qué música la de las palabras de las Hermandades y de las Cofradías, de las calles y de las plazas, de los paisajes y los paisanajes, juntos por la caracola del sonido de Granada. ¡Ay, mi Granada! Pregono a las Angustias, que también pregone. Tengo el cielo asegurado, o el purgatorio abreviado del Sábado Santo por la Cuesta Gomérez.

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