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XI Pregón de la Hermandad de Culto y Procesión de Jesús Nazareno del Perdón y María Santísima de Nueva Esperanza (Málaga)
Pregonero Don Carlos Luís Martínez Domínguez
Salón de Actos de UNICAJA
Málaga, 12 de febrero de 2005


Se alegra mi espíritu en Dios mi Salvador

Quiero ayudarte, Señor, ser Cirineo,
tomar mi cruz y unido a tu amargura,
llegar hasta el Calvario en mi locura
y ser por Ti ladrón, indeseado reo.

Quiero robarle tiempo a mi deseo
para limpiar de espinas tu andadura
y sentir traspasar mi encarnadura
del tristísimo dolor con que te veo.

Repara en mi dolor, sufro por verte
y el llanto de tu Madre me entristece
como un fuego que quema mi garganta,
no me hagas sufrir hasta la muerte
pues sigo junto a ti cuando amanece
y tu dolor mi corazón espanta.

Rvdo. Sr. Director Espiritual; Dignísimas Autoridades; Sr. Presidente de la Agrupación de Cofradías de Semana Santa de Málaga; Sr. Hermano Mayor y Junta de Gobierno de la Hermandad de Culto y Procesión de Jesús Nazareno del Perdón y María Santísima de Nueva Esperanza; Sres. Hermanos Mayores y Representantes de Archicofradías, Cofradías y Hermandades; Sr. Presidente y miembros de la Agrupación de Hermandades de Gloria; Medios de Comunicación; Cofrades; Amigos; Señoras; Señores.

Llegó la hora. Ante este Senado, me presento abrumado por el sentido de la responsabilidad; pues he sido convocado para exaltar y pregonar los valores de nuestra Cofradía en ésta su próxima Salida Procesional según la tradición y costumbre.

A la Hermandad de Culto y Procesión de Jesús Nazareno del Perdón y María Santísima de Nueva Esperanza mi Agradecimiento por el Honor Dignidad y Responsabilidad que me concede de Pregonar precisamente la Salida Procesional del presente año y a ti Jorge, Gracias por estas cariñosas palabras. Gracias desde lo más profundo de mi corazón por el Amor y magnífica presentación sobrepasando a veces los límites de la Objetividad.

Ante la duda de que exista un gran distanciamiento entre lo que se diga y oiga y que el verdadero sentido no pueda llegar al destino pretendido, me confío al amparo divino para que guíe y aliente mis palabras, y que desde esta garganta que ya empieza a emocionarse, sea la voz de una Cofradía, de un Barrio, y que su nombre cual paloma mensajera vuele por el cielo de esta tarde-noche malagueña anunciando que Nueva Málaga y sus gentes son Cofrades.


De nuevo saldrás a la calle,
coronado de espinas y de ofensas,
bajo un cielo de nubes indefensas
procurando que tu imagen no desmaye.
Con un cíngulo dorado sobre el talle
Tu barriada te ofrece sus dispensas,
por llevarte reciben recompensas,
intentando su armonía con detalle.
Como rey de otro mundo no terreno
dicta normas su muerte en Galilea
y es amor su mandato necesario.
Bajo el peso y dolor va el Nazareno,
Verónica la tarde y cirinea,
por caminos de angustia hacia el Calvario

La primavera está por llegar y con ella la llamada de un nuevo acontecer que se repite cada año y que nos hace comprender que la vida es un puro milagro.

El aire, la luz, el sol; piezas claves de nuestra ciudad y de nuestra Semana Mayor.

Nuestro aire, por el que navegan arenas infinitas de azahar y notas musicales con el más puro sabor añejo cofrade.

Luz que nos hace pensar que nuestras calles están hechas para que el sol las inunde, para que el visitante las saboree y para que por ella pasen nuestras Cofradías con sus Tronos y los Nazarenos.

Nuestro sol, fuente de inspiración de Picasso se centra en torno a la Plaza de la Merced cuna histórica de ancestrales cofradías.

Hace ya veintinueve años, se escribió, quizás sin tener exacto conocimiento de que iba a ser así; posiblemente incluso sin pretenderlo expresamente; una de las grandes páginas en la historia de nuestras celebraciones penitenciales; pues un reducido grupo de malagueños hizo gala de su preocupación por la Semana Santa de Málaga fundando lo que más tarde se denominaría la Hermandad de Culto y Procesión de Jesús Nazareno del Perdón y María Santísima de Nueva Esperanza.

Hermandad que estaba llamada a ser, aunque ellos ni siquiera lo soñaran, una de las cofradías señeras de la capital.

Porque no había nacido una Hermandad cualquiera, sino una Hermandad que estaba llamada a revolucionar el sentir y el hacer del mundo cofrade, lo mismo en cuanto se refiere al estilo de sus estaciones de penitencia, la duración de la misma y el amplio recorrido como en lo relacionado con la manera de vivir el resto del año.

No faltaron los inconvenientes para su integración en la Agrupación de Cofradías de Semana Santa de Málaga y como era lógico esperar tampoco las carencias. Pero entre la generosidad de algunos buenos hermanos y la constancia y animosidad de los propios promotores, lo que en principio fue un ilusionante proyecto cuajó en hermosísima realidad, hasta el punto de que el próximo año, celebraremos el trigésimo aniversario fundacional de aquella valiente decisión, y lo hacemos con la satisfacción enorme satisfacción, no ya de haber cubierto con creces los objetivos inicialmente propuestos, sino de tener por delante un futuro esplendoroso y haber contribuido, todo un orgullo, a fortalecer y consolidar la Semana Santa de nuestra ciudad.

Cristo es la Razón y la Esencia de la Semana Santa. Se hizo igual a nosotros para Padecer y Redimirnos del Pecado y en la barriada de Nueva Málaga, se vive la dimensión humana siendo como un clavel grana que se desborda, que se sale del ramo a borbotones, que desgrana su pasión, entre sus dos titulares, el Nazareno del Perdón y la Señora de Nueva Esperanza.

Barrio y cofradía son inseparables. Nueva Málaga tiene su Cristo y su Virgen, a quienes implorar Protección. Ahí está la fuerza de la Iglesia. Ésa que viene cada Martes Santo desde la Parroquia de Santa Ana y San Joaquín, con una cofradía que se ha ganado un sitio por méritos propios en la Semana Santa de Málaga, por su compostura, su buen hacer y buen gusto.

Málaga se ha preparado para el encuentro. Ha esperado un año entero sintiendo en cofrade. Ha soñado en sus adentros, con la Semana más grande de su vida. La que le ofrece la Salvación en cada adoquín de sus calles y aceras.

Y Málaga se ha igualado en la penitencia. Nuestro Dios Supremo se ha hecho Mayordomo con mayúsculas, de un Barrio hecho Trono, que ha querido meterse, bajo los varales de la vida.

Nueva Málaga tiene en esta Cofradía su más especial expresión.

Expresión de Fe, de trabajo, de constancia, de sufrimiento, de saber hacer, y encontrando para satisfacción propia el reconocimiento de la Málaga Cofrade. Una Málaga que admira las cosas bien hechas, y que desde el primer momento respeta, admira y proclama que la Hermandad de Culto y Procesión de Jesús Nazareno del Perdón y María Santísima de Nueva Esperanza se encuentra en el Camino Correcto.

Por eso, esta Cofradía es un horizonte y una esperanza de vida cofrade..... es una Nueva Esperanza.

Cada calle de Málaga es como una arteria de Jerusalén, como un afluente del Jordán, como un depósito del lago Tiberíades, como un risco del Tabor o una prolongación de Emaús.

El libro de Reglas es como un apéndice del Evangelio, y el Evangelio se explica en cada Trono,,,,, En los Tronos de Jesús Nazareno del Perdón y en el de María Santísima de Nueva Esperanza.

El escenario lo pone Málaga. Por eso este Barrio de Nueva Málaga tiene en su Hermandad de Culto y Procesión, la manufactura fragmentada del cuerpo místico de la Pasión que se pone en la calle cada primavera y más concretamente el Martes Santo.

Cuando decimos que Málaga en Semana Santa es como una nueva Jerusalén, más que un lugar común, es una certeza, porque no hay otro lugar del mapa que recree como Málaga una realidad histórica y religiosa con tanta aproximación al modelo.

Málaga, cuna histórica de culturas fenicia, griega, cartaginesa, romana, árabe y cristiana es, por su pasado y por su forma de ser y de sentir, el escenario perfecto de la Pasión. Una Pasión, Muerte y Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo que se vive con inigualable intensidad, año a año, día a día y minuto a minuto.

El dédalo urbano de nuestras Cofradías y Hermandades, con sus puntos de encuentro y desencuentro, contribuye a enmarcar las procesiones sobre una superficie que ofrece márgenes, perfiles y surcos para la idealización, la sugerencia y el efluvio de un secreto hontanar de raíces donde la contemporaneidad se hermana con los ancestros.

Los recorridos penitenciales se desarrollan en un heterogéneo muestrario recorrido en dónde tienen cabida las avenidas, las callejas, los puentes, el Centro histórico aunque la mayor parte del recorrido se acerque a la zona en donde estuvo la muralla fenicia y árabe: la Málaga que reconquistaran y cristianizaran Isabel y Fernando.

Como Jesucristo es el Señor del Tiempo, la Semana Santa nos devuelve los años mejores de nuestra vida, en una nueva recreación de los sentidos.

Los olores, los sabores, las visiones, los sonidos, las táctiles recurrencias se conjuntan en el espacio idóneo y en la atmósfera propicia.

Y ante el recorrido penitencial más largo -el de la Hermandad de Nueva Esperanza- se descubre la diafanidad de la distancia, porque es la lejanía la que presta encanto a la contemplación. Contemplación que nos lleva a la teología ante Jesús Nazareno del Perdón, que desde una severa perspectiva que no causa desabrimiento ofrece la más augusta imagen de la serenidad y sufrimiento; un Cristo que desde su trono nos devuelve la fuerza que el alma infunde al cuerpo.

A partir de ese momento, el barrio de Nueva Málaga se abrirá, como una radiante rosa de los vientos, transformándose por completo para vivir y celebrar su mejor día.

Un martes Santo de contrastes entre la noche y el día; del color; de las flores; del incienso; de los penitentes; de las mantillas; de los hombres de trono; de las plegarias; de las promesas; del arte; de la música...

Tiene la tarde un brillo
que se me antoja especial;
brillo de Perdón y Esperanza;
brillo de amor y perdón,
un brillo de Aurora blanca.

Y también tiene un olor
que diferente la vuelve;
olor a cera y albahaca,
olor a clavel temprano,
rosa, jazmín y arrayán.

Un color tiene la tarde
que la hace inolvidable;
color de sol y mantillas,
de túnicas y capillos,
de saya y bambalinas.
Olor, brillo y color
en tarde de Martes Santo,
cuando Málaga se adorna
por ver pasar
al Nazareno del Perdón
y a la Señora de Nueva Esperanza.

Nazareno del Perdón y Virgen de Nueva Esperanza, dos nombres que suenan rotundos, profundos, malagueños y cofrades. Cristianos y marianos, capaces de levantar pasiones, desatar llamas de amor y despertarnos los sentidos más íntimos, las sensaciones más excitantes, los “quejaos” más hirientes de una saeta lanzada al fresco aliento de la noche del Martes Santo.

Y ya con un cirio entre las manos, señal inequívoca de una madurez dentro de la Hermandad y de la propia vida, este nazareno comienza su particular estación de penitencia, a través de la cual gusta meditar sobre las principales escenas de la Pasión, dedicando unas palabras de consuelo a María, representada por las imágenes de ese rosario de advocaciones con que la ciudad la venera.

Con tu Amparo y Dulce Nombre, por la Concepción de María y la Madre del Patrocinio, en tu Merced y Gran Perdón,,,,, devuélvenos la Salud.

Señora de los Dolores, en tu amor Doloroso y Dolor en tu Soledad, llamándote María de la O, imprégnanos de Gracia y Esperanza por tu Santísima Trinidad.

María Santísima de las Penas, en tu advocación del Rosario te conviertes en Estrella y como Rocío de la mañana revístenos de tu Gracia.

María Santísima de los Dolores en tu Mayor Dolor con Lágrimas y Favores vuela cual Paloma en post del Amor para ser nuestra Consolación y Lágrimas.

Señora de la Soledad llena estás de Amargura, concédenos la Paz y por el Gran Poder que te concedió tu Hijo, el Traspaso de tu Soledad a través de la Esperanza seas nuestro Amparo y Misericordia.

Con Dolor y Soledad trajiste al mundo a tu Hijo y en tu sudario lo vistes lleno de Fe y Consuelo. Tu vida esta llena de Piedad y Caridad. Angustias pasaste en el Monte Calvario. La Vida y la Resurrección ha triunfado sobre la Muerte y la Oscuridad y...
Por eso, eres la Reina de los Cielos
y la Madre de Nueva Esperanza

Esta especial meditación podemos traducirla en una letanía pasional y callejera que comienza nada más pisar la puerta de la Parroquia de Santa Ana y San Joaquín comienzo de la estación de penitencia, y donde la cofradía adquiere su mayor dimensión.

Benditos los pobres en el espíritu. Los que aprenden de su Trabajo y su Paciencia, de su Humildad, y le siguen hasta la frialdad cadavérica del Sepulcro.

Benditos los que comparten su Amor, en la soledad del Huerto de los Olivos, en su dolorosa Agonía, en el instante supremo de su Expiración.

Benditos los mansos y humildes de corazón, los que aceptan la Sentencia injusta, los que son Humillados, los que se ofrecen como Rescate, convirtiendo en Buena hasta su propia Muerte.

Benditos los que tienen hambre de la perfección, en lo sencillo y en lo sublime, los que admiran el misticismo de la Última Cena, la gracia de la Esperanza, el dolor de los Azotes y la gloria de la Resurrección.

Benditos los Misericordiosos, porque en Él buscan y en Él encuentran Redención, Misericordia y Perdón.

Benditos los limpios de corazón, los que tienen la mirada cristalina de Jesús entrando en Jerusalén, de Jesús en su Soledad , y de Jesús Nazareno perdonando y liberando al reo.
Benditos los que luchan por la paz, ataviados con la blanca túnica de la inocencia de un Jesús Cautivo, de su Entrega por Amor, con la blanca pureza del sudario en su Descendimiento y con el resplandor de Cristo Resucitado.

Benditos, los Cristos anónimos e inocentes, tantos y tantos, que yacen cada día en el regazo amoroso de la Reina de los Cielos.
Bendita Málaga entera, porque al llegar Semana Santa,

¡Cristo vive en nuestras calles,
pasa por nuestras calles
y nuestras calles se postran
ante su gran Misterio!

La ciudad, desde Nueva Málaga a la Alameda, desde el Marqués de Larios a la Catedral, desde el Biznaguero a Mármoles, estará esperando a la Cofradía de Nueva Málaga. Nada ni nadie, permaneceremos indiferentes pues somos leales depositarios de un legado inmemorial, consistente en mostrar la fe de todo un pueblo, que no siente reparos ni complejos en exteriorizar, públicamente, sus creencias religiosas.

El cortejo bajará desde su barrio y paseará por la ciudad, junto a sus imágenes amadas. La Virgen guapa transportará en su Trono todas las cualidades de su entorno: el Aire de Nueva Málaga que soltará en Martínez Maldonado cuando salude al Señor de los Milagros y a la Señora de Zamarrilla. La nobleza de sus gentes cuando pase por el Puente y Rampa de la Aurora y pasee junto a María Santísima de las Penas. El aroma de los jardines de Gamarra por la plaza de Arriola cuando le Canten las Hermanitas de la Cruz. Y el frescor de su juventud que impregnará el ambiente del Recorrido Oficial para que un lucero caiga del cielo, y depositándose en su manto ilumine todo el recorrido por donde quiera Ella que pase.

La Virgen de Nueva Esperanza viene, pero nunca pasa. Es ala azul, viento fino, caricia de sierra blanca agua de escondida fuente, latir de alegría cansada, compás que sólo se empieza y canción que nunca acaba.

Madre de Nueva Esperanza casi silencio y palabra, medio ilusión y tristeza, casi noche y casi alba, medio madre y medio novia, casi amiga y casi hermana. es un corazón desnudo que en el aire se derrama.

Bajando la Rampa de la Aurora, se produce el efecto del presente y del futuro. En paralelo, por el Muro de Puerta Nueva camina lentamente el Cristo de la Agonía como preludio de la culminación del drama. El redoble de los tambores anuncia que el Guión de esta obra se esta cumpliendo a la perfección. A la Pasión de Jesús del Perdón, le seguirá la Muerte con Agonía. Sin embargo al contemplar la soberbia imagen de Juan Manuel García Palomo, la de Nuestro Jesús Nazareno del Perdón, observo que su expresión no muestra a un Jesús ni roto ni hundido, todo lo contrario, es la exhibición de la fortaleza y el vigor de todo un Dios hecho hombre, en el deseo de llevar a cabo su obra redentora.

¡Un respeto!, que está llegando la Cofradía más lejana. La más lejana de los barrios de Málaga, porque la ciudad ya estaba saturada. Nacida más allá del río y más allá de calle Mármoles... Nueva Málaga, y que es la que hoy aquí nos congrega.

¡Un respeto!, que está llegando la Cofradía más lejana. La más lejana de los barrios de Málaga, porque la ciudad ya estaba saturada. Nacida más allá del río y más allá de calle Mármoles: Nueva Málaga que es la que hoy aquí nos congrega.

Una alegría rara, especial, muy malagueña porque nos va hacer llorar.

¿Se puede llorar de alegría viendo al Señor del Perdón
y a la Señora de Nueva Esperanza?

Escúchame bien: si no lo has hecho, háztelo mirar.

Es un sentimiento confuso donde la emoción se nos escapa en una inteligible multiplicidad de sensaciones que tiene algo que ver con los niños vestidos de fiesta, con el tío de los globos, los limones “cascaruos”, los chupetes de caramelo, la manzana endulzada, con el viejo amigo de la infancia reencontrado en el mismo lugar de todos los martes santos, con ese barrio volcado en las calles, con ese, en fin, júbilo desbordante que nos contagia para serenarnos y emocionarnos a la vez.

Una emoción en el pecho que te cierra la garganta, tres golpes de martillo, ese sol que se levanta, y con sus rayos intenta, despertar a quien descansa,

JESÚS DEL PERDÓN
ESTA YA EN LA CALLE
VA CAMINO DE MÁLAGA

Lo sabe su Mayordomo, el nazareno, la novia y la mujer del hombre de Trono que sobre su hombro carga y lo sabe su Barrio.

Lo está diciendo el cofrade y el penitente con el cirio o la cruz a la espalda. Lo dice la Madre buena en los surcos de su cara, la que trabaja a diario por los hijos de su alma y que quiere ver muy cerca la Verdad de su Nueva Esperanza...

Lo está diciendo el Mercado, la Plaza de Arriola, y la calle Atarazanas.

Lo está diciendo el flamenco en la saeta que canta, desgarro de fe en su pecho que le sale de la garganta, y hasta se oye una nana, con compás de soleares y seguiriyas gitanas.

Lo dicen todas sus gentes, acompasando sus almas, con la fe que han aprendido en el sentir de sus familias y sus casas...

Sabiendo todos ellos de la Gloria que muy pronto les aguarda

Por la calle Torregorda,
cuando sube hacia el Calvario,
la imagen del Nazareno
parece un lirio morado
que bajo el grueso madero
va doblegando su tallo
igual que se dobla el junco
por el viento castigado.
La blancura de los muros
lo va en sombras dibujando
a la luz de los faroles
con el Trono pasando.
Cada cirio es una llama
que lo va multiplicando
disminuyendo a veces
y otras agrandando.
Un perfume de claveles,
sobre el trono desmayado,
va convertido en suspiro
y sollozo entrecortado
que quiere hacerse saeta
para llenar el espacio
y embalsamar a los aires
con su canto perfumado.
¡ Qué lento va el Nazareno
en su subida al Calvario !
Va lo mismo que un suspiro
suspendido allá, en lo alto.
Tenue, cual leve brisa
que llega del mar cercano,
con un rumor marinero
que por el cielo va bogando
en la Málaga marinera
en un barco imaginario
hundiendo airoso la quilla
en los mares de su llanto.

La tarde ha quedado impregnada de aromas, el incienso columna casi invisible que nos acerca al cielo, deja prendida su esencia a nuestro alrededor. Es el peculiar aroma, al igual que la dulzona esencia del clavel, con que marcamos referencias de Semana Santa.

Llega el anochecer y con él los contrastes de clamor y silencio, de silencio y clamor, en una sincopada alternancia de emociones. En la Alameda, Larios, Granada, Plaza del Carbón, Plaza del Siglo, Molina Larios, Plaza del Obispo, el pueblo de Málaga va a tener reacciones que sólo pueden explicarse y entenderse desde el intrínseco ser del malagueño y del malagueñismo.

Y Málaga, ante lo más evidente y lo más arcano, lo lleva con paso corto, paso lento y marinero con todo el peso de la humanidad doliente y enferma, desde la corona de espinas que atraviesa la cabeza de Jesús Nazareno del Perdón, hasta el talón gastado por los besos. Es Dios encarnado, hecho hombre como nosotros, con todas nuestras humanas miserias, excepto el pecado.

¡Cómo nos duelen las Espinas de Su Corona!
Silencio total.. En el Silencio se oye mejor la voz de Dios.

Doblado por la Cruz que es muy pesada,
por flagelos el cuerpo amoratado,
herido Tú por nuestro gran pecado
y de sangre la túnica manchada.

Eres centro de amor de la mirada
de aquellos que te creen abandonado
y contemplan tu rostro desolado
viendo tu cara de sudor bañada.

Yo quisiera Señor, que tus sudores
cuando al mirarte dejan mi alma rota,
y dentro de mi pecho un gran vacío,
que aquellos, por mi amor se hicieran flores
al derramar la lágrima que brota
de mis ojos cual gota de rocío

Cristo, Jesús Nazareno del Perdón penetra en el corazón de la ciudad haciendo palpitar nuestros corazones mostrando a propios y visitantes la gran magnanimidad de una amarga historia al asumir voluntariamente nuestras culpas y curar nuestras heridas al hacerse la voluntad del Padre.

María Santísima de Nueva Esperanza va explicando al Cielo con sus preciosos ojos, bañados en los terciopelos verdes de su manto y su palio, e interroga al Cielo con ojos misericordiosos, y pone la excepción, guardándolo en el recato de su mirada, en la candelería, encendida con la antorcha que alumbró el rostro del Hijo traicionado en la oscuridad de Getsemaní y propaga el resplandor de su Esperanza.

María Santísima de Nueva Esperanza, intercede ante tu Amadísimo Hijo en mis peticiones y concédenos a los presentes:

Amor para mis hermanos
Salud para los Enfermos
Ayuda ante las desgracias
Alegría para los tristes y desvalidos
Ilusión para los desencantados
Paz en los múltiples lugares con conflictos
Y, Luz para segui
r el Camino marcado por tu Hijo

Tras la difícil curva, Jesús Nazareno del Perdón desemboca en la Alameda Principal. En el ambiente se percibe más que nunca el aroma de nuestro Mar Mediterráneo que compone una sinfonía de risas y llantos.

La arboleda de esta legendaria Avenida entreteje con sus ramas un cielo verde hasta convertirlo en la prolongación del Palio de la Madre de Nueva Esperanza como si de protección para su Hijo se tratara.

La Señora, acelera el paso por calle Torregorda quiere encontrarse con su Hijo, quiere verlo, hablarle, preguntarle:

¿Qué has hecho para merecer tanto dolor?

Llegó el momento esperado,,,, Cristo y su Madre se encuentran frente a frente.

El ayer y el hoy sirven de Telón de Fondo a estas benditas Imágenes.

Son las fachadas de la Puerta de Atarazanas por un lado y la Iglesia de Stella Maris por el otro.

En medio, dos Tronos, dos Benditas Imágenes: El Perdón que imparte Jesús Nazareno; imprescindible para nuestra Redención y la Nueva Esperanza que ilumina nuestro peregrinar.

Amargo ha sido el encuentro
de la Madre con el Hijo,
sus miradas se han clavado
en el pecho cual cuchillos.

Siente dolor en el alma,
gran pena en el corazón,
hay lágrimas en los ojos
del Hijo con gran dolor.

La mirada de la Madre
está rebosando amor.

¡Ay, Madre nuestra,
los ojos de tu dolor!
nos hacen llorar contigo
llevando toda tu pena,
tras la pasión de tu Hijo.

¡Ay, Carne la de tu carne...!
¡Ay, Pan de tus mismos trigos...!
¡Ay, Sangre la de tu sangre
en un cáliz hecho vino...!

El dolor de tus dolores
se hace dolor en tus hijos
Madre de Nueva Esperanza
Tú no estás sola
lloramos todos contigo.

Hoy Málaga es un rostro multicolor. ¿Sol o nubes?, que más da, es Martes Santo, es: Una Nueva Esperanza para alcanzar el Perdón.

Más adelante D. Manuel Domingo Larios y Larios, segundo Marqués de Larios, respetuosamente y chistera en mano, saludará el paso de nuestros Sagrados Titulares consciente del comienzo de una Penitencia añadida.

Si no fuese suficiente Penitencia un itinerario procesional de casi ocho kilómetros de recorrido y 11 horas de duración, los hermanos de Jesús Nazareno del Perdón e hijos de María Santísima de Nueva Esperanza muestran su Amor haciendo más dura su Penitencia.

Con mecida corta, elegante, leve, suave, cadenciosa, y marinera haciendo una interpretación ortodoxa y perfecta de la mecida de un Trono como sólo en Málaga se sabe hacer; los hombres de Trono llevan sobre sus hombros a Cristo y a su Madre majestuosamente paseando por calle Larios, Tribuna y Granada como aquí se llaman las cosas:

DEL TIRÓN

Por eso el Hombre de Trono está definido como Hombre que ama a su Trono, a su Cofradía, a sus Titulares. Que no acepta otro paso que el de la mecida.

Porque los Sagrados Titulares tienen que ir andando, andando majestuosamente y quien pretenda Innovar u otra cosa SE EQUIVOCA.

Jóvenes y veteranos Hombres de Trono hoy más que nunca me siento identificado con vosotros. Os admiro y al veros siento algo de nostalgia y envidia sana.

¡Quien pudiera estar a vuestro lado!

Treinta y cinco años consecutivos estuvo pegado mi hombro al varal.

Quiero en este momento trasmitirle a mis palabras la misma carga de ilusión, fuerza y esperanza con la que cada año os entregáis al trabajo de llevar sobre vuestros hombros a Jesús Nazareno del Perdón y a María Santísima de Nueva Esperanza.

Quiero, con este retazo de mi pregón, mostraros a todos y cada uno de vosotros, mi Respeto y Admiración así como proclamar lo importantes y necesarios que habéis sido, sois y seréis siempre.

Quiero, esta noche, ser vuestra voz. Quiero deciros a vosotros, jóvenes y veteranos cofrades, que gracias a una inagotable sucesión generacional, se ha conseguido mantener, a lo largo de siglos esta Sagrada Tradición.

Que vosotros sois el relevo generacional y que tenéis la Obligación de trasmitirla a las generaciones venideras.

Vuestro es el Futuro de Nuestra Semana Santa.

Aunque solo sea por eso por ir contigo esta noche, yo quiero ser nazareno y acompañarte al lado de tu cruz y tu silencio.

Por ver tus benditas manos abrazadas al madero, por pisar donde tu pisas, por ablandar este suelo de una ciudad que te espera por los postigos del sueño.

Por sentir la madrugada atravesando tu cuerpo, por iluminar la sombra con la cera de mis rezos, por consumirme contigo cuando la noche va cediendo y el rocío de la madrugada va calando en tus huesos.

Por detenerme a la orilla de tu rostro descompuesto, por quitar una a una las espinas que te hirieron, por ver tu amor destruirse bajo el sol de nuestros cerros, por el llanto de tu Madre Nueva Esperanza sin consuelo.

Nazareno del Perdón quiero ser tu hermano, tu amigo y cirineo, llevando esta noche al hombro el dolor de nuestro pueblo.

Por el hambre y la miseria, por la herida del enfermo, por los que ignoran tu muerte, por los que no te siguieron.

Y por todos mis pecados, aunque se que no merezco ni caminar a tu lado. ¡Aunque sólo sea por eso, por ir contigo esta noche, yo quiero ser nazareno!

La música, la saeta, el rumor de la gente, el Itinerario oficial quedan atrás como apagado eco de un tiempo pasado. Avanza la procesión por la Plaza del Obispo, Suena el golpe seco de la campana y el Trono se detiene. Gesto de sufrimiento por nosotros en Jesús Nazareno, abrazando la Cruz.

Silencio, ¡por Dios, silencio!
Que pasa el Nazareno
que lleva la cruz a cuestas
pidiendo clemencia al cielo.

Que se detenga la noche
y las estrellas se apaguen,
que todo el mundo le rece
cuando el Nazareno pase.

Y una saeta se oye
que rasga nuestro silencio
es porque Dios llora sangre
por boca del saetero.

Ha sido, Madre, un día de pétalos y úlceras; bien lo sabes. Pero un paréntesis parece abrirse cuando el último sol del Martes Santo y tú os encontráis a esa hora en la que se trazan luces largas sobre el entorno Catedralicio. Parece encapotarse el cielo de palios de primavera, mientras que a la calle le brotan capirotes verdes de dos en dos entre arrullos de gorriones y carcajadas de palomas. Una campana marca la mecida y 240 de corazones palpitan bajo tus varales. Vas derramando Nueva Esperanza como quien siembra ese trigo que se peina con los vientos del levante

El fresco y húmedo aire procedente del puerto refresca nuestro rostro. Amenaza con apagar la candelería, las campanadas del reloj de la Basílica te saludan diciendo: Son las Diez en punto. “Dios te salve Señora”, y de fondo el paso lento y cadencioso de los hombres de trono al compás mágico de la música malagueña.

Cada noche del Martes Santo, al mirarte, comprendemos como llega de forma acariciante y sublime el influjo de lo sagrado a nuestro lado.

Cientos y cientos de Malagueños se verán sorprendidos por el regreso de esta Hermandad aún con fuerzas para Saludar a las Cofradías hermanas que acaban de comenzar su paso por el recorrido Oficial.

De nuevo, la Alameda Principal será testigo inequívoco de encuentros, saludos, cruces y emociones.

La emoción estará a “flor de piel”. Los rezos, se entremezclarán con gritos y piropos. La música sonará como bálsamo en los doloridos cuerpos y el malagueño vibrará de nuevo con una creencia y tradición de más de cinco siglos.

Llega el gran momento, el difícil, el del retorno. Y es cuando verdaderamente se demuestra la solidaridad de un Barrio acompañando a sus Sagrados Titulares.

Por delante un largísimo itinerario: La Avenida de Andalucía con sus Grandes Edificios hacen pasillo de “Honor” y “Reverencia” al paso de la Cofradía. Las tres gitanillas de la fuente de la Glorieta de Manuel Alcántara con sus abanicos se prestan solícitas a aliviar el sudor de Jesús Nazareno del Perdón y al baile de Bulerías y Seguirillas con sus trajes de volantes alegran a la Madre de Nueva Esperanza.

A continuación Don Cristián, y Peso de la Harina como preludio de la recta final.

Parece que no lo van a conseguir; pero los esforzados hombres de trono siempre logran, a golpe de raza, que la Virgen de Nueva Esperanza vuelva a sobrevolar sobre nuestros corazones, en su increíble ascensión por la Calle Martínez Maldonado.

La Madre de Nueva Málaga, desde sus orígenes, es el mejor exponente de la perfecta simbiosis entre un barrio, su cofradía y sus gentes.

En ese momento mágico, es cuando comprobamos la maestría de su mayordomo que en un arranque de coraje golpea la campana con un toque seco y el ¡ARRIBA ESOS CUERPOS! infunde ánimos a los doloridos hombros de sus hombres que como un resorte y al unísono, con el orgullo propio de la raza malagueña enderezan sus cuerpos y la mecen con dulzura.

Y mirando a la Señora, le damos gracias por permitirnos llegar hasta allí un año más.

Llega para este Pregonero y cofrade malagueño el momento más difícil de su intervención. El de presentarme ante Él y ante Ella, y a sus plantas tratar de sintetizar en pocas palabras este Pregón.

Como cualquier otro malagueño de fe, puesto que sin ella, al menos para mí, no tendría sentido alguno nuestra Semana Santa. Tan sólo he pretendido anunciar a la ciudad, a través de la historia o las vivencias de un simple cofrade. El por qué y para qué de esta conmemoración de la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo. De esta celebración que el pueblo de Málaga, dotado de una finísima sensibilidad y una alegría innata, convierte en fiesta, al conocer de antemano el final de la historia.

De una historia que se sabe acaba bien, con el triunfo de la vida sobre la muerte.

El triunfo de dos advocaciones indisolubles.

Jesús Nazareno del Perdón y María Santísima de Nueva Esperanza.

De un Cristo que olvidando nuestras debilidades, nuestras flaquezas, nuestros fracasos, nuestras negaciones, y nuestros rencores va anunciando al mundo su Muerte y que con la ternura de un Padre nos consuela anunciando la Redención de nuestros Pecados y la Salvación Eterna proclamando al mismo tiempo su inminente Resurrección y de una Madre que junto al sufrimiento y sangre derramada por su Hijo ha derramado su Alma gota a gota, viviendo muy cerca de la luz pero en la noche de la Fe.


No quiero ver tu ánimo abatido,
sobreponte a la angustia que padeces,
por ser Madre y ser Santa, tú mereces
el cariño y amor más encendido.

En este Martes Santo doloroso
sientes tu corazón ya traspasado
por el dolor inmenso de la vida,
las lágrimas de tu llanto piadoso
quisiera yo enjugar con mi pasado
y sentir mi pena a la tuya unida.

Un Día de Amor, un pan partido,
una copa de vino rebosante,
palabra de ternura desbordante
y el corazón no aguanta sus latidos

Quisiera que tu pecho dolorido
por el trato de amor que nos ofreces,
mis lágrimas te sirvieran como preces
que eleva a Dios el que es agradecido.


Muchos no entienden ni quieren entender lo qué es ser cofrade. Puede que haya entre nosotros mismos quienes tampoco lo entiendan.

Hay quien sigue con la creencia de que basta, para serlo y sentirlo, con pagar una cuota, acudir a la Casa Hermandad en Cuaresma para solicitar el puesto o una hora antes de la procesión presentarse para tomar el cirio, el bastón, o la insignia correspondiente.

Caminar unas horas con el rostro cubierto por el antifaz y olvidarse hasta el mes de marzo o abril del año siguiente.

Hay quien cree que para ser o sentirse Hombre de Trono es suficiente con pagar la cuota, cargar con el Trono, abrazarnos a los compañeros al regreso, volver a casa rendido por el esfuerzo, con el hombro dolorido y la cintura abierta y hasta el año que viene.

Hay quienes consideran que para ser o sentirse camarera no tienen más afinar en el rostrillo de tal o cual manera, milímetros a la izquierda o derecha, el pañuelo en la mano con el doblez a cuatro centímetros, que la saya quede centrada y, alguna que otra, en vestir la mantilla, coger el rosario y caminar pacientemente en una fila de mujeres hasta notar que tienen en los pies mil y una agujas que se clavan a cada paso cuando se afrontan los últimos metros y avanza el reloj inexorablemente camino de la madrugada.

Pero permítanme que les diga que esos no son cofrades, ni Hombres de Trono, ni camareras, y sobre todo no son hermanos.

Porque para serlo, han de sentir NO el dolor en los pies o en los hombros sino en el corazón. El mismo lugar donde se sienten las emociones fuertes y alberga el nombre de nuestra Madre Nueva Esperanza.

Para serlo es imprescindible tener plena conciencia de por qué conmemoramos, hace veintiún siglos después, de aquella gesta, inexplicable desde un punto de vista humano, la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo.

Porque para serlo hay que estar convencidos de que no son esa Pasión y esa Muerte, ni es el desgarro interno de la Virgen lo que en realidad recordamos, sino como ésos son los pasos imprescindibles en el camino hacia una Resurrección posterior que nos llene de gozo y nos de la fuerza necesaria para afrontar con ánimo el reto diario de la vida.

Porque para serlo, estamos obligados a ver a Cristo en quienes sufren, en los enfermos, en los marginados, en las víctimas del terrorismo, en los inmigrantes, en los desheredados por la fortuna, y a tenderles una mano como respuesta generosa a aquella advertencia que Él nos hizo: “lo que hagáis por un hermano de los más necesitados, lo estaréis haciendo por mí”.

En definitiva, concordancia entre lo que proclamamos con nuestra presencia en las procesiones, en las estaciones de penitencia en los cultos y lo que hacemos en nuestro entorno habitual; o dicho de otro modo, dando testimonio, pues así estaremos haciendo hermandad, dentro y fuera de la cofradía.

Los ojos de millones de personas que nos visitan, están puestos estos días en los hombres, mujeres y niños malagueños que celebramos la Semana Santa y no podemos ni debemos defraudarles.

No podemos ni debemos ofrecer argumentos para sostener tesis detractoras ni que se agarren a la cera para crear polémica, porque eso será evidente muestra de que no tienen otros recursos de mayor profundidad, o más trascendencia, para reprocharnos o criticarnos.

Ya al Pregonero se le agota la voz y el tiempo que con tanto cariño y generosidad ustedes me han otorgado.

Ha llegado el momento de terminar y quiero hacerlo con el aliento en mis palabras, para todos y cada uno de vosotros, cofrades del Nazareno del Perdón y Nueva Esperanza, herederos ancestrales de ricas tradiciones marcadas por el sello pasional de los siglos que avalan nuestra condición. Artífices de la más hermosa representación que en el mundo puede darse de la Pasión, Muerte y Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo.

El orgullo que nos debe causar nuestro quehacer, no debe ocultar el deseo y afán permanente de superación. Ese orgullo de ser cofrades, de alzar alto pero sin vanidad, todas y cada una de nuestras miradas, concientes de la alta responsabilidad que tenemos por nuestra condición en el seno de la Iglesia Católica.

Aceleremos el paso por Magistrado Barberá en dirección a Camino de los Castillejos.

Ya regresa a la Parroquia la Procesión de Nazarenos con capirotes morados y verdes. Colores que parecen especialmente concebidos para encajar en el contexto de la noche primaveral del Martes Santo, y será llegado el momento de esperar a la Cofradía.

Nuestro Padre Jesús Nazareno del Perdón habrá cumplido su Misión Redentora. Volverá, con el estallido de una nueva primavera, a Padecer, Morir y, sobre todo, a Resucitar a nuestro lado.

Su Mirada, La Corona de Espinas, el Peso del madero y el posterior Sufrimiento en la Cruz habrán merecido la pena para la Redención de nuestros corazones y nuestras almas en espera de la Resurrección eterna.

Veo con emoción como se acerca mi Cristo, perdón, nuestro Nazareno del Perdón, recogiendo las miradas desparramadas de los buscadores de sensaciones con la satisfacción de la misión cumplida, al girar hacia ese tinglao que lo cobijará por última vez.
Sí he dicho por última vez, ya que si Dios quiere el próximo año estas Benditas Imágenes saldrán por el dintel de su nueva Casa Hermandad.

Tras Él María Santísima de Nueva Esperanza: Madre Nuestra.

¿Será posible tanta maravilla?
¿Será posible la expresión de Tu Cara
?

Será el momento de mirarte... será el momento de contemplar esos Ojos que embrujan, que se agrandan en la calle, que miran con maternal comprensión y con la emoción contenida de siempre, gustamos vivir esos momentos, mezclados en la apretura del gentío que acude solícito a consolarla llevando tan sólo el compás de esta partitura musical, en tanto los labios musitan una oración.

Habrá merecido la pena ir a tu encuentro o haber esperado simplemente el instante en que la luz de la cera gastada de la candelería ilumina Tu Rostro incomparable. ¡entonces Tus Ojos parecen tener vida!

Reina de Nueva Esperanza, y de Nueva Málaga

Quedará atónita el alma ante la contemplación de la que es Virgen Inmaculada, la del trono de plata, manto y palio verde que huele a azahar. Todo será breve, tan breve que hasta parecerá invertirse el tiempo y convertirse en eternidad.

Cofradía ejemplar y modélica, desde la Cruz Guía hasta el último músico de la Banda que acompaña a la Señora.

Quisiera poder parar el tiempo. ¿No puedes recrearte Mayordomo para que el encierro se produzca más tarde?

¿No puedes doblarle la manilla al minutero?
Da otro toque de campana y acorta el paso de tu gente.

Mece luego el trono interminablemente, mece a la Señora hasta que el dolor de María de Nueva Esperanza se transforme en un dulce sueño de recogida.

Deja que se consuma lentamente la cera de la candelería en imposibles lágrimas.

No te la lleves Mayordomo. Déjamela a mí. Deja que me la lleve otra vez a los hombros de la ternura y que como estrella que marca el rumbo, me indique el camino de mi vida.

Ella se merece su Barrio, su Parroquia, el Templo acogedor de una noche de marzo. Deja que me vaya con ella al cielo. Mayordomo. ¡Al CIELO!

Señoras, Señores, no he venido a este estrado a anunciar nada que no os resulte ya conocido.

Al contrario, vengo a poner letra a la música cofrade de vuestros labios. Al ritmo de marcha de vuestros pies. A sacar de la más fina veta de vuestro interior, esa forma de sentir y de creer tan propia de quien ama a estos Sagrados Titulares. A modelar con unas cuantas ideas y unas torpes palabras -ligeras plumas que se lleva el viento- la sinfonía de sentimientos y de sensaciones con que os aprestáis a agasajar a Jesús Nazareno del Perdón y a María Santísima de Nueva Esperanza en las próximas fechas.

¡Qué contradicción!, ahora que mi voz ya no está quebrada por la emoción, ahora que mis piernas no tiemblan sobre este escenario, ahora, debo terminar.

El implacable límite, espacio temporal, que enmarca todos los actos de nuestra existencia, así lo impone.

¡Cuantas veces habremos deseado que las agujas del reloj se detuvieran para hacer de un instante una eternidad!

Eso es, justamente, lo que ahora mismo siente este pregonero. Pero una cosa es el deseo y otra la realidad. No obstante, me tranquiliza saber que he tenido la inmensa fortuna de escribir el capítulo decimoprimero de este hermoso libro de pregones de esta Hermandad. Que en pocos meses, alguien, aún sin nombre, comenzará a escribir otro nuevo capítulo para el año que viene. Y que mi recompensa, la acabo de encontrar en el hecho cierto de haber vivido, para contar, una experiencia enormemente gratificante, y a todas luces imborrable.

Por esas buenas razones, y por algunas más, quiero que este último pensamiento, rescatado del rincón más escondido del corazón, sea para agradecer a Jesús Nazareno del Perdón, a María Santísima de Nueva Esperanza y a la Junta de Gobierno de esta generosa Hermandad, el que me hallan permitido, en esta noche de esencias, sentimientos y pregón, subir a este estrado, para anunciarles en voz alta a todos y cada uno de ustedes, que, en Nueva Málaga, a partir de unos días, la nostalgia volverá a renacer.

Y ahora debo, por así decirlo, dejar paso para que, en unos pocos días, se levante el telón, y comience el verdadero Pregón.

La Semana Santa, una hermosa y verdadera Tradición heredada de nuestros antepasados y que nosotros tenemos la Obligación de vivirla y transmitirla a las generaciones venideras.

Hermanos: que vuestras pisadas nazarenas dejen a su paso: un ejemplo de seguir, un reguero de cera, un cúmulo de humildad, un río de lágrimas, un caudal de fe y un tren de luz, para que los que vengan detrás sepan por donde ir sin riesgos ni temor de equivocarse, siguiendo las huellas de Jesús Nazareno del Perdón y María Santísima de Nueva Esperanza.

Gracias, Señor, porque me has dado
el don de usar la palabra
para proclamar tu gloria,
para glosar tu legado,
para contar que el amor
es nuestro mejor regalo.

Gracias, Señor, porque permites
que le hable a mis hermanos
de tu Pasión y tu muerte,
del dolor que padeciste
para redimir al hombre
y perdonar sus pecados.

Y gracias mil veces, Señor,
porque me dejaste ver
que más allá de esa muerte,
lejos de hallar aflicción
está la inmensa alegría
que fue tu Perdón
y Gloriosa Resurrección.

Que así sea Señor.

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