Antes de comenzar la redacción de este artículo, quiero dejar bien claro que al usar el término “costalero”, no hago discriminación alguna de sexo, ya que el oficio, así llamado, es desempeñado tanto por mujeres como por hombres.
Orígenes Históricos del Costalero: Una Tradición de Fe y Esfuerzo
El costalero es una de las figuras más emblemáticas de la Semana Santa en España. Su papel es fundamental, ya que es el encargado de portar sobre sus hombros los pasos procesionales que recorren las calles de ciudades y pueblos en estos días de fervor religioso. Sin embargo, la historia del costalero se remonta siglos atrás, evolucionando desde un oficio puramente laboral hasta convertirse en una manifestación de devoción y sacrificio.
El oficio de costalero hunde sus raíces en la tradición procesional española, especialmente en la Semana Santa de Sevilla, cuna de este noble arte. Inicialmente, los pasos eran portados por cargadores asalariados, hombres de oficio que realizaban este trabajo como medio de vida. Con el paso del tiempo, el aspecto devocional fue cobrando mayor importancia, hasta que en el siglo XX las hermandades comenzaron a conformar cuadrillas de hermanos costaleros, quienes portaban los pasos como acto de fe y entrega a sus titulares.
En sus inicios, estos trabajadores llevaban los pasos sin protecciones específicas, utilizando simples capotes de arpillera para amortiguar el peso. La llegada del "costal" y la "morcilla" permitió una distribución más equitativa del peso, dando lugar a la técnica que conocemos hoy en día.
Orígenes: El Trabajo de los Cargadores
La figura del costalero tiene su origen en los cargadores de puerto y en los obreros de la construcción, quienes eran contratados para trasladar mercancías y grandes estructuras en la España de los siglos XVII y XVIII. En ciudades como Sevilla, Cádiz o Málaga, estos trabajadores, acostumbrados a cargar grandes pesos sobre sus hombros, comenzaron a ser requeridos para portar los pasos procesionales durante la Semana Santa.
Sevilla, cuna de muchas tradiciones cofrades, es especialmente relevante en esta historia. En el siglo XVII, cuando las hermandades comenzaron a organizar sus estaciones de penitencia con pasos de mayor tamaño y ornamentación, fue necesario contar con hombres preparados para soportar el peso de estas estructuras. Así, las cofradías contrataban a cargadores profesionales que se organizaban en cuadrillas y recibían un pago por su trabajo.
Los costaleros de aquella época solían ser trabajadores portuarios, obreros o mozos de carga que desempeñaban esta labor como una forma adicional de ingresos. Para protegerse del peso y de la dureza de las trabajaderas (las vigas bajo las que se colocaban para cargar el paso), utilizaban un costal —un saco de tela gruesa relleno de esparto o arpillera—, de donde deriva su nombre.
Del Oficio a la Devoción: Siglo XX y la Transformación del Costalero
Durante gran parte del siglo XIX y principios del XX, la tradición de los costaleros profesionales continuó, aunque cada vez con menor incidencia. Sin embargo, a mediados del siglo XX se produjo un cambio trascendental en esta figura.
En 1973, en la Hermandad del Cristo de los Gitanos de Sevilla, por primera vez un grupo de hermanos decidió sustituir a los costaleros asalariados y portar el paso por devoción, sin recibir ningún tipo de remuneración. Esta iniciativa marcó un antes y un después en la historia del costalero, y pronto fue adoptada por otras hermandades. A partir de entonces, la figura del costalero pasó de ser un trabajador a un hermano de la cofradía que asumía esta labor como un acto de fe y entrega.
Esta transformación no solo implicó un cambio en la motivación de los costaleros, sino también en la organización de las cuadrillas. Se realizaron ensayos regulares, se perfeccionaron las técnicas de carga y se reforzó la idea de la hermandad entre los miembros de la cuadrilla.
Técnica y Sacrificio: La Figura del Costalero en la Actualidad
En la actualidad, ser costalero no solo es un honor, sino también una gran responsabilidad. La técnica de carga se ha perfeccionado con el tiempo, requiriendo una gran preparación física y mental.
Los costaleros trabajan en cuadrillas organizadas bajo la dirección del capataz, quien es el encargado de dar las órdenes y marcar el ritmo de la procesión. Bajo el paso, se coloca en filas siguiendo la estructura de las trabajaderas, repartiéndose el peso de manera equitativa.
Cada costalero debe utilizar su costal y la morcilla (una almohadilla que amortigua la presión sobre la nuca) para evitar lesiones. Los ensayos previos a la Semana Santa son fundamentales para asegurar una correcta coordinación y resistencia, ya que los recorridos pueden durar varias horas y recorrer kilómetros de calles.
El Costalero como Símbolo de Esfuerzo y Fe
Hoy en día, el costalero no es solo un portador de pasos, sino un símbolo de esfuerzo, fe y devoción. En cada levantá y cada chicotá se expresa un sentimiento profundo de entrega a la imagen que portan ya la hermandad que representan.
Desde aquellos primeros cargadores profesionales hasta los hermanos que hoy se ofrecen voluntariamente a esta labor, la figura del costalero ha evolucionado sin perder su esencia: ser el pilar sobre el que descansa la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo representada en los pasos procesionales.
Este recorrido histórico nos muestra que el costalero no solo sostiene un paso, sino también una tradición centenaria que sigue viva en el corazón de la Semana Santa.
El Costalero en el Mundo Cofrade
El costalero es una figura fundamental en la Semana Santa. Su labor va mucho más allá del esfuerzo físico; es un compromiso de fe, un acto de amor y entrega a la imagen que portan sobre sus hombros. Ser costalero no solo implica cargar un paso, sino también respetar un código de hermandad, esfuerzo común y disciplina.
El capataz, líder de la cuadrilla, es quien dirige los movimientos del paso, organizando las "chicotás" (terreno andado o tiempo que transcurre entre paradas) y manteniendo la coordinación entre los costaleros. La simbiosis entre el “capataz” y su equipo, formado las más de las veces por un “segundo capataz” y dos “contraguías”, y la cuadrilla es esencial para lograr un andar armonioso, que haga lucir el paso con elegancia y solemnidad.
Datos de Interés
A continuación, se presentan algunos datos relevantes sobre el mundo del costalero:
Características
Valores Aproximados
Peso promedio del paso
1.000 - 2.500 kg
Número de costaleros por cuadrilla
30 - 60
Duración de una "chicotá"
10 - 20 minutos
Altura del faldón
80 - 100 cm
Técnicas y Formación del Costalero
Ser costalero requiere una preparación física adecuada. La resistencia, la técnica de carga y la coordinación con los compañeros son fundamentales. Algunas de las principales técnicas utilizadas incluyen:
El Relevo: Los costaleros se turnan en diferentes "trabajaderas" o “palos” como también se les denomina coloquialmente (listones transversales del paso), para evitar el agotamiento extremo.
El Paso Costalero: El balanceo acompasado que permite un movimiento fluido del paso.
Colocación del Costal: Debe ajustarse a la perfección, a la altura de la séptima cervical o “morrillo”, para repartir el peso de manera equitativa y evitar daños en la espalda.
Consejos para Costaleros Novatos:
Mantener una buena postura: espalda recta y rodillas flexionadas.
Seguir las indicaciones del capataz y los compañeros más veteranos.
No descuidar la preparación física previa a la Semana Santa.
Usar calzado cómodo y con buena amortiguación.
Beber agua e hidratarse antes y después de la procesión.
Anécdotas y Vivencias
Numerosos costaleros han narrado experiencias inolvidables bajo el paso. Algunos relatan la emoción de llevar por primera vez a su imagen de devoción, mientras que otros destacan la camaradería que se forma entre la cuadrilla. Hay momentos especialmente simbólicos, como la "levantá" (alzar el paso en una arrancada) en honor a un costalero fallecido o la entrada triunfal en la iglesia tras largas horas de procesión. Las lágrimas brotan como silenciosos manantiales, mientras la emoción y el fervor aflora por cada poro de la piel de un costalero.
La Pasión del Costalero
El costalero no es solo un portador de pasos; es un testimonio vivo de la fe, un ejemplo de entrega y sacrificio. Cada Semana Santa, sus hombros o cervicales sostienen no solo un trono de madera y metal, sino el fervor y la emoción de un pueblo entero. Es en su esfuerzo anónimo y en su sudor devocional donde la pasión cobra vida y las procesiones adquieren su máxima expresión de solemnidad y grandeza.
Asumo que este artículo es demasiado breve para incluir en él todo lo que rodea a los costaleros, pero son pinceladas que ilustran, aunque sea a grandes rasgos, el trabajo y la pasión de hombre y mujeres que, de forma anónima, prestan una buena parte de su tiempo y fortaleza para que sus sagrados titulares repartan fe y esperanza allá por donde pasen.