La Borriquilla pone la primera piedra de su futura Casa de Hermandad en la calle Pintor Julio García Villena
Francisco Molina Muñoz
Director de Padul Cofrade
Padul, 27 de noviembre de 2025
En la solemnidad de Cristo Rey, la Hermandad de Nuestro Padre Jesús de la Victoria y Nuestra Señora del Valle ha vivido uno de esos días que marcan época: la colocación de la primera piedra de su ansiada Casa de Hermandad. En pleno corazón de Padul, arropados por las autoridades municipales, el párroco, la Federación de Cofradías, los medios de comunicación y un numerosísimo grupo de hermanos y vecinos, “La Borriquilla” ha comenzado a escribir un nuevo capítulo de su historia.
La mañana del domingo 23 de noviembre de 2025 amaneció luminosa en Padul. El aire fresco de final de otoño no impidió que, mucho antes de la una de la tarde, la calle Pintor Julio García Villena se llenara de gente. El solar donde se levantará la futura Casa de Hermandad, encajado entre fachadas blancas y balcones de hierro, presentaba todavía el aspecto áspero de las obras por empezar: paredes antiguas, ladrillo visto, suelo de tierra removida. Justo ahí iba a plantarse la semilla de un proyecto soñado durante casi veinticinco años.
En el interior del solar se había preparado un pequeño altar improvisado que hablaba por sí solo. Al centro, el estandarte verde de la Hermandad, ricamente bordado en oro, se elevaba hacia lo alto, flanqueado por los cuadros de los Sagrados Titulares: el rostro sereno de Nuestro Padre Jesús de la Victoria y la mirada doliente de Nuestra Señora del Valle. A los pies, los colores corporativos y el escudo de “La Borriquilla” ponían el sello de identidad a una pared vieja convertida por unas horas en capilla al aire libre.
A un lado, sobre un caballete recubierto de damasco rojo, se mostraba el diseño de la futura Casa de Hermandad, como una ventana al mañana. A su pie, una caja de madera y una pequeña jarra metálica esperaban su momento. El hueco abierto en la tierra, justo delante, recordaba que aquel acto no era una puesta en escena, sino el arranque real de las obras.
Un solar lleno de pueblo
Mientras se ultimaban detalles, la calle era un hervidero. Llegaban familias enteras, parejas jóvenes, matrimonios de toda la vida, costaleros con el abrigo oscuro y las manos en los bolsillos, niños que se asomaban curiosos buscando entender qué era aquello de “la primera piedra”. Desde la puerta del solar hasta la mitad de la calle se formaron pequeños corrillos en los que se mezclaban recuerdos de procesiones pasadas, comentarios sobre el proyecto y la alegría sencilla de volver a encontrarse.
No faltaron las autoridades. La alcaldesa de Padul, Celia Villena de Francisco, se hizo presente acompañada por concejales de distintos grupos políticos, en una imagen de unidad en torno a la Hermandad y a lo que representa para el pueblo.
El párroco de Santa María la Mayor, D. Carlos José Fernández Peñafiel, llegó poco después, saludando con cercanía a muchos de los asistentes que le conocen bien de la vida parroquial.
También acudió el presidente de la Federación de Cofradías de Semana Santa de Padul, Sergio Palomares, junto a varios miembros de su Junta, acompañados por Hermanos Mayores de otras corporaciones, que quisieron sumarse a esta jornada que, aunque protagonizada por “La Borriquilla”, pertenece a todo el mundo cofrade paduleño.
Entre los asistentes se distinguían cámaras de fotos y móviles en alto, los equipos de la televisión local PARAVISA y la presencia de Rafael Vílchez, corresponsal del diario IDEAL, atento a cada gesto y cada palabra. Era evidente que el pueblo había entendido la importancia del día.
Un sueño gestado durante casi 25 años
Con todos ya situados, el presentador del acto tomó la palabra para dar la bienvenida y poner nombre a lo que estaba ocurriendo. Recordó que ese trozo de tierra, aparentemente humilde, iba a convertirse en un lugar clave para la vida de la Hermandad: punto de partida y llegada de los pasos, pero también espacio de convivencia, formación, caridad y trabajo diario.
En su intervención inicial, enlazó el gesto de la primera piedra con la propia historia de la corporación. Hubo un momento especialmente emotivo cuando evocó a aquel grupo de tres jóvenes que, hace casi un cuarto de siglo, decidieron dar un paso adelante y fundar la Hermandad de Nuestro Padre Jesús de la Victoria y Nuestra Señora del Valle. Desde entonces, muchas juntas han pasado, muchos hermanos han sumado esfuerzos y no han faltado momentos duros; pero la constancia, la fe y el cariño a los Titulares han ido empujando hasta llegar a este domingo de Cristo Rey en el que el proyecto de la Casa de Hermandad deja de ser un deseo para convertirse en obra concreta.
La futura sede no será solo un almacén de enseres, subrayó, sino “el corazón de la Hermandad”: un lugar donde rezar, preparar cultos, recibir a los más jóvenes, organizar campañas solidarias y seguir haciendo de Padul un pueblo donde la devoción se traduce en vida.
La palabra de las autoridades
Tras la bienvenida, llegó el turno de las intervenciones institucionales. La alcaldesa, Celia Villena, dirigió unas palabras cercanas a los presentes. Agradeció la invitación y puso en valor la labor que las hermandades realizan a lo largo de todo el año, manteniendo vivas tradiciones que son patrimonio cultural y espiritual del municipio. Habló de colaboración leal entre el Ayuntamiento y el tejido asociativo, y señaló que una Casa de Hermandad bien equipada es también un recurso al servicio del pueblo: dinamiza el barrio, genera actividad cultural y fortalece la convivencia entre generaciones.
A continuación, tomó la palabra el párroco, D. Carlos José Fernández Peñafiel, que enmarcó el acto en la solemnidad de Cristo Rey. Recordó que el Señor reina desde la humildad, no desde el poder, y que una Hermandad que toma su nombre de Jesús de la Victoria está llamada a ser lugar de servicio y entrega. Invitó a que la futura Casa de Hermandad sea, sobre todo, espacio de Evangelio vivido: que allí se rece, se escuche, se acompañe y se ayude a los más necesitados.
El presidente de la Federación de Cofradías, Sergio Palomares, por su parte, subrayó que este proyecto no solo es un paso adelante para “La Borriquilla”, sino para toda la Semana Santa de Padul. La consolidación de sedes propias —dijo— demuestra la madurez alcanzada por el movimiento cofrade en el pueblo, y es también una responsabilidad: mantener vivo el espíritu de fraternidad, evitar protagonismos estériles y caminar siempre en comunión con la Iglesia y con el resto de hermandades.
Una “caja del tiempo” a los pies de la piedra
Uno de los momentos más significativos del acto fue la explicación y preparación de la llamada “caja del tiempo”, que habría de quedar enterrada bajo la primera piedra. No se trataba de un detalle decorativo, sino de un auténtico mensaje dirigido al futuro.
En su interior se fueron depositando diversos elementos cuidadosamente escogidos: el acta del día, para dejar constancia escrita de lo que allí sucedía; una estampa de los Sagrados Titulares junto a pequeñas astillas de la madera ligada a ellos, como signo de su protección; una medalla de la Hermandad, símbolo de la pertenencia y la unidad de tantos hermanos; un periódico del día, que fija el contexto histórico en que se inicia la obra; y, quizá lo más entrañable, recuerdos y mensajes escritos por hermanos y devotos, pequeños trozos de memoria y afecto que, con el paso de los años, hablarán a quienes un día encuentren esa caja.
Una vez cerrada, la caja fue presentada a los presentes con un silencio respetuoso. En las primeras filas, muchos se inclinaban ligeramente para no perder detalle; otros se secaban discretamente una lágrima, conscientes de que allí dentro iban muchas historias personales.
La bendición del solar y el gesto compartido de la tierra
Llegado el momento central, el párroco procedió a la bendición del solar. Ante el estandarte y las imágenes de los Titulares, se rezó brevemente por la Hermandad, por quienes trabajarían en la construcción y por todos los que, en el futuro, encontrarán en esa Casa un apoyo en su fe y en su vida. Después, asperjó con agua bendita la tierra y la primera piedra, pidiendo que el Señor y la Virgen del Valle acompañen cada ladrillo que se coloque.
Acto seguido se depositó la caja en el hueco preparado, junto a la piedra, y se dio paso a uno de los momentos más hermosos de la mañana: la participación de los presentes en el gesto de cubrirla de tierra. Empezaron los fundadores y hermanos veteranos, aquellos que iniciaron la andadura de la Hermandad cuando no había más que ilusión y unas pocas manos. Entre ellos, el actual Hermano Mayor, Andrés Rejón, y otros cofrades que han estado desde el principio, cargados de años y de recuerdos.
Tras ellos, según el orden previsto en el guion, fueron pasando representantes de las distintas hermandades del pueblo, miembros de la Federación, costaleros y costaleras, colaboradores, vecinos… La fila parecía no acabarse nunca. Cada persona recibía una pequeña pala o tomaba un puñado de tierra y lo dejaba caer con cuidado, como quien entrega algo propio. No había prisas; el gesto, sencillo, invitaba a saborear el momento.
El instante más emocionante llegó cuando se invitó a los niños presentes a acercarse. Pequeños con la medalla colgando sobre el abrigo, otros agarrados de la mano de sus padres, fueron pasando uno a uno para echar las últimas paladas de tierra. Sus manos pequeñas sellando la “caja del tiempo” parecían resumir el verdadero sentido de la jornada: lo que hoy se construye es, sobre todo, para ellos y para los que vengan detrás. Más de un adulto, al verlos agacharse junto a la zanja, tuvo que tragar saliva.
Una calle convertida en plaza de hermandad
Concluido el rito, el presentador tomó de nuevo la palabra para agradecer la asistencia a todos: autoridades, cofrades, medios de comunicación y vecinos. Recordó que lo que acababa de vivirse no era el final de nada, sino el comienzo de una etapa exigente que requerirá paciencia, generosidad y unidad. La Hermandad, por su parte, reiteró su compromiso de seguir trabajando con transparencia y entrega para que la Casa de Hermandad sea pronto una realidad.
Lejos de disolverse, el ambiente se relajó y se desbordó hacia la convivencia. La corporación había preparado bandejas con tapas y bebidas variadas que se ofrecieron a los presentes. La calle Pintor Julio García Villena se transformó en una especie de plaza de barrio improvisada: corrillos, brindis, risas, anécdotas de otros tiempos, proyectos para el futuro. Los niños correteaban entre los adultos; algunos, todavía con la emoción de haber echado tierra sobre la primera piedra, contaban orgullosos “yo también he ayudado”.
Mientras tanto, no faltaron las fotos de recuerdo. Juntas de gobierno, grupos de costaleros, amigos de siempre, familias enteras posaron junto al estandarte, al diseño de la futura Casa, al hueco ya cubierto en el que descansan la piedra y la caja. Se notaba que muchos querían guardarse una imagen de ese día para enseñarla dentro de unos años, cuando el edificio esté terminado.
Un punto de partida
El acto de la primera piedra no resuelve por sí solo las muchas tareas que quedan por delante: proyectos técnicos, plazos de obra, financiación, permisos… Pero lo vivido este domingo de Cristo Rey ha colocado un cimiento que va mucho más allá del hormigón. Sobre ese gesto compartido de oración, memoria y participación se alzará una Casa de Hermandad que, si se mantiene fiel al espíritu con que se ha iniciado, será de verdad hogar para todos.
Cuando, dentro de un tiempo, las puertas se abran y los salones se llenen de vida —reuniones, ensayos, catequesis, convivencias, caridad—, muchos recordarán esta mañana de noviembre en la que, entre paredes descarnadas y tierra removida, Padul entero se hizo presente para decirle a “La Borriquilla” que no camina sola.