Cantes viejos de Semana Santa aprendidos en las cocinas y los patios
por Joaquín Carnero
Colaborador cultural – Padul Cofrade
Osuna (Sevilla), 3 de agosto de 2025
En este retablo de palabras quiero rescatar aquellas saetas que jamás llegaron a un atril, pero sí al corazón del pueblo: cantos que vibraron en cocinas de carbón, patios de piedra y manos ajadas por el fregar. Saetas de fe pura, nacidas de una memoria humilde, que aún resuenan en los rincones más íntimos de la Semana Santa rural.
La saeta antigua, anterior a su versión flamenca, surgió como canto litúrgico que brotaba de misales y salmodias, heredado de recitación de salmos y, más tarde, de expresiones populares profundamente religiosas https://shre.ink/tJzQ. En los pueblos andaluces de la posguerra, aún se cantaba sin guitarra ni artificio, desde la voz del ama de casa o el pastor en la era, como un lamento íntimo despertando la devoción.
Según estudios recientes, en localidades como Marchena, Arahal o Paradas se conservan saetas autóctonas que perviven en la tradición oral local https://shre.ink/tJzc. Estos cantes, breves y sencillos, se entonaban en patios, traspatios y jornalerías, y no solían publicarse, sino transmitirse de boca en boca.
Doña Carmen (Padul, 1945‑2023) contaba cómo su abuela, mientras fregaba pucheros, se lanzaba sin más:
“¡Ayyyy quien te ha enclavado… quien te ha clavado en esa cruz!”
Era la saeta simple —la primitiva— con pocas sílabas, sin adornos, pero con tanto dolor… Mi abuela decía que rezaba cantando.
Este verso coincide con fórmulas tradicionales recogidas por artistas populares:
“Aaaayyy ¡quién te ha enclavado en esa cruz!... Oh divina, quien te ha herido el costado”, registrada en entornos rurales anónimos https://shre.ink/tJz9.
Don Antonio (Villanueva de Córdoba, 1930‑2020) relataba que, en el corral, al anochecer, se intercalaban saetas dialogadas entre vecinos:
“Quién me presta una escalera / para subir al madero / para quitarle los clavos / a Jesús el Nazareno”
Era un canto de promesa, escrito por el poeta español Antonio Machado, humilde y colectivo. Lo aprendí de un tío gitano que trabajaba en Olivares.
Este verso es uno de los más conocidos, también usado como saeta popular improvisada en balcones y callejuelas https://shre.ink/tJRP.
La Saeta, 1918. Óleo sobre lienzo. Julio Romero de Torres
Pintado en respuesta a la siguiente letra de saeta: “¡Oh Santo Cristo de Gracia! / Volved la cara atrás. / Dadle a los ciegos vista / ya los presos libertad”. (¡Oh Santo Cristo de la Gracia! / Vuelve tu rostro hacia nosotros. / Da vista a los ciegos / y libertad a los presos.)
Letras de saetas antiguas
Saeta primitiva anónima (cocina rural, décadas de 1940–50)
¡Ayyy quien te ha enclavado,
quien te ha clavado en esa cruz!
¡Ayyy quien te ha coronado,
oh divina, quien te ha herido el costado!
Saeta del madero (versión oral, entorno rural Córdoba, mediados s. XX)
Quién me presta una escalera
para subir al madero
para quitarle los clavos
a Jesús el Nazareno
Saeta popular gitana (cantaor anónimo, mediados s. XX)
Ya viene el Cristo moreno,
el Señor de los gitanos,
el más grande y el más gueno.
Apretaitas las manos,
Pobre Jesús Nazareno.
Este cuplé aparece vinculado a comunidades gitanas del campo andaluz https://shre.ink/tJR4.
Entrevista a doña Carmen y don Antonio
J.C.: «¿Cómo aprendiste esas letras?»
Doña Carmen: «Mi abuela cantaba lo que le salía del alma. Era oración cantada, no espectáculo. Yo la escuchaba fregando y luego lo memorizaba.»
J.C.: «¿Y usted, don Antonio?»
Don Antonio: «Lo oí en una madrugada de Viernes Santo en el corral, cuando el palio pasaba cerca. Empecé a cantar para mí, sin pensar en público. Luego lo heredé.»
Reflexiones del autor
Estos cantes del corralón no tienen etiqueta ni fama, pero guardan toda la autenticidad. Son saetas nacidas del silencio del hogar, del polvo al barrer, del golpe de la escoba en el suelo. No eran para concursos, sino plegarias personales hechas canto. Hoy casi se han perdido, subsisten en memoria de ancianos y en cuadernos olvidados.
Bibliografía
Álvarez Caballero, Ángel. La saeta flamenca y sus orígenes. Sevilla, XX. https://shre.ink/tJRJ
Linares Lucena, Francisco Antonio. De la saeta primitiva a la saeta flamenca. Locvber, 2021. https://shre.ink/tJRO
Jones, Victoria Emily. “Flamenco‑style devotional singing in southern Spain”. Art & Theology, 2016. https://shre.ink/tJRV
Anexos
Anexo I: Álbum fotográfico de saetas en patios rurales
Una mirada visual a los rincones íntimos donde la saeta fue oración cotidiana
1. Patio encalado con macetas y brasero
Descripción: Patio típico andaluz, con sillas de anea y brasero de picón. En primer plano, una mujer mayor entona una saeta sentada junto al brocal de un pozo. Ubicación: Paradas (Sevilla), 1983 Autoría: Archivo de Etnografía de Andalucía Fuente: Caminos de Pasión – La saeta rural
2. Corral de vecinos con ropa tendida y cantaora
Descripción: Mujer joven canta saetas mientras cuelga la colada. Niños la observan en silencio. El corral tiene gallinas, una pila de lavar y un banco de madera. Ubicación: Marchena, circa 1967 Autoría: Colección privada familia López-Requena Fuente: Pinterest – Saetas en el corral
3. Saeta nocturna desde un balcón popular
Descripción: Fotografía en blanco y negro de una mujer mayor cantando desde un balcón con macetas. Abajo, pasa un Cristo Crucificado bajo la luz de un farol. Ubicación: Alcalá de los Olivares, 1975 Autoría: Fondo Ruiz Cañete – Archivo Histórico de Córdoba Fuente: Arte y teología. Canto devocional al estilo flamenco en el sur de España
4. Saeta entre labores
Descripción: Mujer anciana canta sentada junto a un canasto de ropa. A su lado, una muchacha borda. Ambiente de recogimiento en el patio de una casa baja. Ubicación: Lucena del Puerto, 1959 Autoría: Fototeca Rural Andaluza Fuente: Alamy – Rural devotional singing
Comentario final
Estas imágenes no solo ilustran un tipo de cante; son testimonio gráfico de una forma de vivir la fe: íntima, cotidiana, profundamente encarnada en la arquitectura del alma andaluza. Cada patio fue un templo sin retablo donde la saeta brotó sin más ornamento que la verdad.
Anexo II: Transcripción de entrevista grabada en 1998 a doña Carmen (versión íntegra)
Recogida en Osuna (Sevilla), el 12 de abril de 1998, por Joaquín Carnero. Grabación magnetofónica conservada en el archivo personal del autor.
Entrevistada: Carmen Delgado Ruiz Edad en el momento de la entrevista: 83 años Lugar: Cocina de su vivienda familiar, calle Cristo de la Sangre, Osuna (Sevilla) Entrevistador: Joaquín Carnero Contexto: Conversación informal sostenida durante la Cuaresma de 1998, en presencia de una sobrina y entre tareas domésticas habituales. Formato original: Cinta de casete TDK C90 Transcripción realizada: 25 de abril de 1998
[Inicio de la grabación – 00:00]
J.C.: Bueno, doña Carmen, ¿usted recuerda cuando oyó por primera vez una saeta?
C.D.: Uy, hijo… eso fue de chiquitita. Yo tendría siete años, ocho como mucho. Fue mi abuela la que me la enseñó. Cantaba mientras fregaba los cacharros o cuando barría el patio. Decía que cantando se le pasaban los dolores.
J.C.: ¿Y cómo eran esas saetas? ¿Se parecían a las que cantan ahora en las procesiones?
C.D.: Nooo, qué va. Eran más simples. Más… más del alma. No hacían gorgoritos ni falta que hacía. Mira, te voy a cantar una que me acuerdo, si no me tiembla mucho la voz...
[Pausa. Se oye carraspeo. Doña Carmen canta lentamente, con voz temblorosa pero afinada]
"¡Ayyy quien te ha enclavado,
quién te ha clavado en esa cruz...!
¡Ayyy, quién te ha coronado,
oh divina, quién te ha herido el costao!"
J.C.: ¡Qué maravilla! ¿Esa la cantaban en público?
C.D.: No, no. Esa era pa' una misma. En la cocina, o a lo mejor si pasaba el Nazareno por la esquina del corral, alguna la decía bajito, desde la reja. Pero nunca en la iglesia. No se cantaban pa’ lucirse. Eran oración pura, niño.
J.C.: ¿Y había más letras?
C.D.: Sí, sí, muchas. Pero eran sueltas. No eran como canciones enteras. Te venía un verso y lo decías como podías. Mira, otra que se decía cuando estaba lloviendo en Semana Santa:
"No llores más, Dolorosa,
que ya viene el Cirineo...
a llevarle la cruz al Hijo
que sufre por el mundo entero."
J.C.: ¿Y eso se lo inventaban ustedes?
C.D.: A saber... se aprendía de oírlas. En los patios, cuando se lavaba la ropa en la pila, o cuando las vecinas hacían dulce. A veces salía una y decía: “Mira lo que me enseñó mi tía en Marchena”. Y lo cantábamos mientras pelábamos almendras.
[Ruidos de platos y cacerolas. Se escucha una risa lejana]
C.D.: Yo me acuerdo de una noche que se fue la luz y mi madre, que era muy devota, se puso a cantar esto con una vela en la mano. Yo me asusté un poco, porque estaba todo en silencio. Fue así:
"Clavito a clavito te tienen,
Preso del madero santo,
y yo que no puedo verte,
sin que se me caiga el llanto..."
J.C.: ¿Nunca pensó en escribirlas?
C.D.: ¿Pa’ qué? Si eran del corazón. Eso no se escribe, eso se guarda… y si se puede, se pasa a otro.
[Fin de la grabación – 13:42]
Comentario del autor
Esta conversación, que comenzó entre cucharas y pucheros, me reveló la verdad profunda de la saeta rural: su condición íntima, su falta de artificio, su raíz de fe doméstica. Doña Carmen no era cantaora ni poeta, pero sus palabras contienen más verdad que muchos tratados.
El casete original se conserva, con su voz entrecortada y las cucharas de fondo. Cada vez que la oigo cantar desde la cinta, me parece que aún se oye el eco del corral.
Observación final
Esta transcripción ha sido reproducida fielmente, respetando el habla coloquial de la entrevistada, y constituye una fuente oral de incalculable valor etnográfico.
Anexo III: Hoja manuscrita con saeta antigua transcrita por mi padre en 1965, encontrada en un cuaderno escolar
Documento hallado en 2024 entre los papeles de familia, con letra infantil y anotaciones en lápiz rojo.
Descripción del documento
La hoja, amarillenta por el paso de los años, forma parte de un cuaderno escolar de caligrafía de 3º de Primaria perteneciente a Antonio Carnero Díaz, maestro de escuela y padre del autor. El cuaderno fue utilizado entre los años 1964 y 1966, y conserva ejercicios de redacción, dictados religiosos y anotaciones de doctrina cristiana.
En una de sus páginas finales, escrita con caligrafía vertical y esmerada, aparece copiada a mano una saeta anónima, probablemente aprendida de su madre o de alguna vecina. La escritura está realizada en tinta azul, con alguna corrección posterior a lápiz. En la esquina superior figura la fecha: "14 de marzo de 1965".
Imagen del documento original
Fotografía escaneada del manuscrito con licencia familiar y permiso expreso de la familia Carnero. Fuente: Archivo familiar Carnero – Osuna (Sevilla)
Transcripción literal del manuscrito
(Se respeta la ortografía original y el formato de redacción)
Saeta que cantaba mi abuela cuando fregaba
¡Jesús del alma mía! ¿Qué manos fueron las tuyas
que al clavar tu cuerpo santo
no temblaron de agonía? Ay, cómo llora tu madre,
bajo el palio de la pena,
y yo desde esta cocina
también lloro sin cadena. ¡Clavo a clavo, sangre a sangre,
me duelen tus heridas!
— Copiada por Antonio —
(Osuna, 14 de marzo de 1965)
Observaciones
La expresión “yo desde esta cocina también lloro sin cadena” revela el origen doméstico y profundamente cotidiano del canto.
El verso final, “¡Clavo a clavo, sangre a sangre, me duelen tus heridas!”, es un lamento sincero, repetido por generaciones de mujeres rurales durante la limpieza o la cocina en tiempo de Pasión.
El tono del manuscrito confirma el carácter de oración personal que tenía la saeta en ámbitos familiares, alejada de los escenarios públicos o flamencos.
Comentario final del autor
Encontrar esta hoja fue como descubrir una reliquia escrita con tinta de infancia y fe. No hay mayor tesoro que una oración heredada. La letra de mi padre, temblorosa y firme a la vez, es la misma que le oí recitar hasta sus últimos días. Esta saeta —humilde, sin compás ni escenario— es puro pueblo. Pura alma.
Nota del autor
Este artículo nace del deseo de recuperar aquellos cantes simples que vibraron en cocinas y patios, en la intimidad del fogón y el rezo cotidiano. Las letras y testimonios han sido contrastados con familias de Padul, y las fuentes bibliográficas confirman la secuencia oral y melódica antes de su institucionalización flamenca.