Costal, llamador y Padul: conversación con Cristóbal Juárez antes de la VII Exaltación
Por Francisco Molina
Director de Padul Cofrade
Padul, 28 de febrero de 2026
“Cuando los kilos aprietan, hay que saber sufrir por uno mismo y por los compañeros.”
A las puertas de la VII Exaltación al Costalero de Padul, Cristóbal Juárez repasa una vida vinculada al costal, a la hermandad y a ese aprendizaje silencioso que se forja bajo la trabajadera. Costalero durante una década del Señor de la Victoria y hoy co-capataz de la Virgen del Valle, habla con serenidad sobre responsabilidad, compañerismo, mando y pasión cofrade sin artificios ni tópicos.
Antes de subir al atril de la VII Exaltación al Costalero de Padul, Cristóbal Juárez conversa con Tierra Cofrade sobre lo aprendido bajo el paso, el salto del costal al martillo y el sentido profundo de una vocación que se vive en hermandad.
Cristóbal Juárez, durante un ensayo bajo el paso, en una imagen que resume su vínculo con el costal antes de pronunciar la VII Exaltación al Costalero de Padul.
P. Diez años de costal (2014–2024) dan para mucho. Si tuvieras que resumir qué te ha enseñado ese tiempo bajo el paso de Jesús de la Victoria, ¿qué dirías que se te quedó “grabado” para siempre?
R. Entrar bajo el faldón del antiguo paso del Señor de la Victoria en 2014 me abrió las puertas a un mundo que hasta entonces solo conocía de manera tangencial. Aquello terminó convirtiéndose en entrar en casa. Tuve la suerte de encontrarme con grandes costaleros y, sobre todo, con grandes personas que me enseñaron no solo a ser costalero, sino a entender que ahí abajo, del primero al último, todos somos igual de importantes.
Si tuviera que quedarme con algo “grabado” para siempre, sería precisamente eso: el compañerismo y la idea de que cuando los kilos aprietan hay que saber sufrir por uno mismo y por los compañeros, igual que ellos estarían dispuestos a hacerlo por ti. Esas son las principales enseñanzas que he ido adquiriendo con el tiempo y que he intentado aplicar cada vez que me he puesto un costal. Y ahora que tengo el privilegio de tocar el martillo de la Virgen del Valle, son los valores que intentamos inculcar también a nuestras costaleras.
P. En 2025 pasas a ser co-capataz. ¿Qué fue lo que más te impuso al principio: el martillo, la responsabilidad sobre la cuadrilla o la sensación de que ya no “vas dentro”, sino que cuidas desde fuera?
R. En primer lugar, es un absoluto privilegio que nuestra hermandad haya confiado en nosotros para custodiar lo más preciado de la corporación.
Si tengo que elegir qué fue lo que más me impuso al principio, diría sin duda que la responsabilidad. No solo somos responsables de que la Señora se pasee por su pueblo como se merece, sino también de que sus costaleras lleguen sanas y trabajen en las mejores condiciones posibles; que ninguna sufra una lesión y que la experiencia les permita disfrutar —dentro del sufrimiento que exige un paso tan duro como este— de algo tan especial como es llevarla cada Domingo de Ramos.
P. Compartes responsabilidad como capataz con Víctor Manuel Cárdenas. ¿Cómo os complementáis y qué cosas tenéis claras para que el paso tenga un solo criterio y una sola voz, aunque seáis dos?
R. Tenemos la suerte de que, además de compañeros en el martillo, hemos sido compañeros en la misma trabajadera del paso del Señor de la Victoria y, sobre todo, grandes amigos desde hace muchos años. Compartimos muchas cosas dentro y fuera de la Semana Santa, y eso hace que tengamos una confianza que nos permite hablarnos sin tapujos y con total franqueza.
Creo que tenemos personalidades muy distintas y, sin embargo, complementarias, lo que hace que cada uno aporte sus virtudes y que el trabajo en equipo sea realmente efectivo.
En cuanto al criterio, tenemos un gusto parecido por las cosas de la Semana Santa y somos muy de la Borriquilla; por tanto, es fácil aunar nuestro estilo con el de la Hermandad y plasmarlo cuando el paso sale a la calle.
Y también es fácil porque contamos con una cuadrilla de excepción. Llevan pocos años a costal, pero son una cuadrilla fuerte, obediente y valiente, de la que la Hermandad y el pueblo de Padul deben sentirse muy orgullosos.
P. Este año te toca vivir el Domingo de Ramos desde el martillo. ¿Qué cambia en la forma de mirar el recorrido, los tiempos y la gente cuando sabes que una decisión tuya afecta a todos?
R. Al final, creo que lo mejor es la naturalidad y no impostar nada. Llevamos muchos años en esto, conocemos bien la Hermandad, el día y el pueblo, así que lo mejor es mirar las cosas con serenidad.
Respecto al recorrido, sí te diré una pequeña costumbre que iniciamos el año pasado y que disfrutamos mucho: el Domingo de Ramos por la mañana damos un paseo por todo el recorrido junto con Tato y Nico, capataces del paso de Cristo.
Es un paseo para comprobar que todo está en su sitio y que, además, sirve como “terapia” para soltar los nervios y empezar a entrar en la película.
P. Además eres costalero de la Oración del Huerto (Viernes Santo). ¿Qué te aporta esa otra hermandad y ese otro día a tu manera de entender el costal? ¿Te ha cambiado algo en el estilo o en la manera de mandar?
R. Es mi hermandad de niño, la de mi casa. Me aporta el vínculo con lo que me hizo amar la Semana Santa: que mi padre me llevara de la mano cada Viernes Santo a la Santísima Trinidad.
Respecto al costal, al final es ver las cosas desde la óptica del que obedece y ponerse en el otro papel distinto al que desempeñamos el Domingo de Ramos. Te ayuda a no olvidar lo que se sufre y lo que se disfruta ahí debajo.
P. Vas a pronunciar la VII Exaltación al Costalero de Padul. ¿Desde qué tono te apetece plantearla: más vivencial, más emotiva, más “de cuadrilla”, más reflexiva…? ¿Qué idea principal quieres que la gente se lleve a casa?
R. Voy a hablar de lo que sé, que es la experiencia que he tenido trabajando en mis dos cofradías, así que el tono será vivencial. Intentaré que la gente ajena a este mundo pueda comprender por qué estamos “locos” por esta pasión y que la gente del costal se vea reflejada en mis palabras.
La idea principal que quiero que se lleven a casa es que esto ya está aquí; que disfruten de los ensayos, las convivencias y el tiempo de Cuaresma en hermandad, porque antes de que nos demos cuenta estaremos esperando a los “Juas”.
P. Para cerrar: si tuvieras que dejarle un mensaje a un costalero que empieza este año, ¿qué le dirías para que entienda lo esencial del oficio… sin tópicos?
R. Que disfrute y llegue con la mente abierta y sin prejuicios a la cuadrilla; que sea humilde y buen compañero; que aprenda de quienes llevan más años y que, cuando él tenga experiencia, se encargue de hacer el camino fácil a quienes se acercan por primera vez.
Pero, sobre todo, que disfrute y que valore el privilegio de poder ser costalero o costalera.