Feria Real de Ganado de Padul. Orígenes y evolución
Por Francisco Molina Muñoz
Padul, 25 de septiembre de 2026
Una noticia de 1858 sitúa en 1857 la concesión documentada de la feria. La búsqueda posterior en archivos y catálogos confirma, además, que hoy no puede presentarse como hecho una Real Cédula de Carlos V ni de Carlos III: la tradición existe, pero el documento de concesión regia no ha sido localizado.
La Real Feria de Ganado llega cada septiembre a Padul como una de esas celebraciones que parecen haber estado siempre ahí. Cambian las casetas, los programas, las atracciones, el lugar donde se concentra el ganado y hasta la manera de vivir las fiestas, pero el 25 de septiembre continúa apareciendo en el calendario con una persistencia que pocas veces nos paramos a explicar. También hemos heredado una historia sobre su origen: el Ayuntamiento la remonta a tiempos de Carlos V y, en alguna ocasión, ha circulado incluso la posibilidad de una concesión de Carlos III.
El problema comienza cuando uno decide hacer algo tan sencillo como preguntar dónde está el documento.
No es una pregunta destinada a desmontar una tradición ni a restarle antigüedad a la feria. Es exactamente al revés. Si una celebración forma parte de la historia de Padul, merece que distingamos lo que podemos demostrar de aquello que seguimos intentando demostrar. Y, después de ampliar la búsqueda a catálogos archivísticos, hemerotecas, documentación municipal y repertorios históricos, la situación puede exponerse ya con bastante claridad: la concesión documentada que hoy podemos probar es la de 1857; la atribución a Carlos V sigue siendo una tradición institucional sin cédula localizada, y la atribución a Carlos III carece por ahora de apoyo documental identificable.
Una noticia de 1858 que mira hacia el año anterior
El documento más importante localizado hasta ahora se publicó el 10 de septiembre de 1858 en La Alhambra: diario granadino. El periódico anunciaba la próxima celebración de la feria de Padul durante los días 25, 26 y 27 de aquel mes y dejaba escrita una frase decisiva: la feria «le fue concedida a esta Villa en el año anterior».
Ese «año anterior» es 1857.
La importancia del texto aumenta cuando se lee lo que viene después, porque el redactor no habla de una feria que fuese a estrenarse en 1858. Recuerda la concurrencia lograda el año precedente y explica que muchos ganaderos y tratantes no tuvieron conocimiento suficiente de la convocatoria porque se comunicó demasiado tarde. La lectura más sólida es, por tanto, que la feria concedida en 1857 llegó a celebrarse aquel mismo año.
Conviene ser preciso con las palabras. Podemos afirmar que la feria fue concedida en 1857 y que la fuente indica una celebración ya realizada ese año. Lo que no podemos afirmar es que antes de 1857 no hubiera existido en Padul ningún mercado, concentración ganadera o incluso una feria anterior. El documento no lo dice y la investigación no ha cerrado esa posibilidad.
“Hoy podemos documentar una concesión en 1857. Eso no significa que antes no hubiese feria; significa que ahí comienza, por ahora, la cadena documental que podemos probar.”
La diferencia puede parecer pequeña, pero cambia considerablemente la forma de contar la historia. Una cosa es afirmar que la Real Feria de Ganado de Padul nació en 1857 y otra, bastante más exacta, decir que la feria histórica que estamos estudiando está documentada desde 1857. La primera afirmación cerraría una puerta que los documentos todavía no nos permiten cerrar. La segunda refleja exactamente lo que sabemos.
El documento dice mucho, pero no dice quién la concedió
El aviso de 1858 fija los días 25, 26 y 27 de septiembre, habla de ganaderos y tratantes, destaca la abundancia de agua, las buenas condiciones del mercado y el bajo coste de los pastos, y anuncia un programa que acompañaba al negocio ganadero con música, fuegos y una función relacionada con San Sebastián.
Pero también debemos leer sus silencios.
La noticia no identifica al concedente. No menciona una Real Cédula ni una Real Provisión, tampoco un privilegio anterior, y no aparecen los nombres de Carlos V o Carlos III. Ni siquiera utiliza el título «Real»: habla simplemente de la «Feria del Padul». Tampoco afirma que fuese franca o que gozara de alguna exención fiscal especial.
Ese silencio no demuestra que nunca existiera un privilegio anterior. La ausencia de un documento localizado no es una prueba automática de inexistencia. Lo que sí impide es hacer el recorrido contrario: tomar una tradición posterior y colocarla dentro de una fuente de 1858 que no dice aquello que después se ha repetido.
Aquí está uno de los puntos centrales de esta investigación.
En 1857 ya no hacía falta necesariamente una concesión del rey
Hay una circunstancia jurídica que cambia bastante la forma de interpretar la palabra «concedida».
Durante siglos, el establecimiento de ferias y mercados estuvo ligado con frecuencia a privilegios y autorizaciones de la Corona. Esa imagen histórica explica que hoy tendamos a identificar inmediatamente una concesión con una merced real.
Sin embargo, cuatro años antes de la fecha que aparece para Padul había cambiado el régimen jurídico.
El Tribunal Constitucional, al reconstruir los antecedentes históricos de la regulación ferial en su Sentencia 84/1993, señala expresamente que el Real Decreto de 28 de septiembre de 1853 estableció a favor de los ayuntamientos la facultad privativa de establecer ferias y mercados.
Esto tiene una consecuencia directa para nuestro caso. Una feria establecida en 1857 no necesitaba necesariamente una nueva Real Cédula.
El documento que falta puede ser un acuerdo municipal, una comunicación al gobernador, correspondencia con la Diputación, un anuncio en el Boletín Oficial de la Provincia o cualquier otra pieza administrativa de la época.
Esto no demuestra que la feria de 1857 fuese creada exclusivamente por el Ayuntamiento. Significa que jurídicamente esa posibilidad era perfectamente viable y que, antes de buscar obligatoriamente una cédula palatina, hay que localizar el expediente administrativo correspondiente a 1857.
Carlos V: lo que afirma la tradición y lo que todavía no podemos demostrar
La tradición de Carlos V no debe borrarse del relato. Está documentada como tradición institucional y forma parte de la manera en que Padul ha explicado durante años su feria.
Carlos V, en un retrato de hacia 1530 conservado en el Rijksmuseum. El Ayuntamiento de Padul remonta
tradicionalmente los orígenes de la feria a su época, aunque hasta ahora no hemos localizado el privilegio
o licencia imperial que permita demostrar documentalmente esa atribución.
Imagen: Rijksmuseum / Wikimedia Commons, CC0.
La página municipal actual dice que la celebración «remonta sus orígenes a la época de Carlos V».
El programa oficial de 2012 fue bastante más concreto. Allí se afirmaba que Carlos V había concedido a Padul licencia para organizar anualmente una feria de ganado destinada a ampliar la compraventa de animales utilizados en las labores agrícolas del municipio y del Valle de Lecrín.
Esa afirmación municipal existe y debe recogerse.
Pero después de ampliar la búsqueda, continúa faltando el dato que permitiría convertirla en un hecho documentalmente comprobado: no he localizado fecha de expedición, archivo, fondo, legajo, signatura, reproducción ni transcripción de una cédula, privilegio o licencia de Carlos V concediendo una feria a Padul.
Dicho de otra manera: podemos demostrar que el Ayuntamiento ha transmitido esa versión. No podemos demostrar todavía el documento imperial que supuestamente la originó.
Y la diferencia es esencial.
Los archivos sí conservan cédulas y cartas reales sobre El Padul, pero no la feria
Esta segunda fase de la investigación ha permitido comprobar algo muy interesante: sí existe documentación regia antigua específicamente relacionada con El Padul.
Esto descarta una explicación demasiado cómoda. No podemos pensar que la supuesta cédula de la feria no aparece simplemente porque los catálogos históricos sean incapaces de reconocer el topónimo.
Lo reconocen.
El Archivo Municipal de Granada conserva, por ejemplo, la signatura C.01862.00038, correspondiente a diligencias realizadas en El Padul en cumplimiento de una cédula real dada en Madrid el 27 de mayo de 1617. Aquella disposición trataba de determinar si los oficios de regimiento de los pueblos de la jurisdicción de Granada debían desempeñarse anualmente o a perpetuidad.
Es una cédula real y afecta expresamente a El Padul.
Pero no concede ninguna feria.
El mismo archivo conserva la signatura C.01862.00054, una carta real haciendo merced a la ciudad de Granada de la posesión de la jurisdicción, señorío y vasallaje de la villa de El Padul en virtud de la compra realizada.
Tampoco habla de una feria.
Y en pleno reinado de Carlos III aparece la signatura C.03649.0133, correspondiente a una Real Orden de 11 de marzo de 1774 sobre el Gobierno del Padul, la Administración de Aguas y el peso de Almojarife.
Tampoco es la concesión que buscamos.
Estos hallazgos no sirven para negar la posibilidad de un privilegio antiguo. Sí sirven para dejar una cosa muy clara: no podemos utilizar la existencia de otras disposiciones reales relacionadas con Padul como sustituto de la cédula de la feria.
Cada documento tiene su asunto, su fecha y su signatura.
La feria necesita el suyo.
Carlos V dejó documentación sobre Padul, pero no debemos mezclar unos privilegios con otros
La búsqueda ha proporcionado además otra pista que considero importante precisamente porque obliga a extremar la prudencia.
Existe documentación histórica relacionada con disposiciones de época de Carlos V que afectaron a Padul y al Valle de Lecrín. Entre ellas aparece un asunto referente a los llamados hornos de poya, donde se invocaron disposiciones reales que regulaban o prohibían la construcción de determinados hornos particulares.
Es una pista interesante porque demuestra algo que nunca estuvo en discusión: Padul podía recibir y verse afectado por disposiciones de la Corona durante el siglo XVI.
Pero ese documento trata de hornos.
No concede una feria.
No autoriza un mercado de ganado.
No puede convertirse en la cédula que estamos buscando.
Precisamente porque existen auténticos documentos carolinos relacionados con Padul, debemos ser todavía más cuidadosos para evitar que con el paso de los siglos diferentes privilegios, disposiciones o recuerdos documentales hayan terminado mezclándose en la memoria local.
No afirmo que eso haya ocurrido. Es una hipótesis que habrá que comprobar.
Carlos III: por ahora, ninguna cédula de feria
La atribución a Carlos III tiene todavía menos apoyo documental.
Las búsquedas realizadas mediante las variantes Padul, El Padul, feria, mercado, ganados, cédula, licencia, privilegio y términos semejantes no han permitido identificar una disposición de Carlos III concediendo la feria paduleña.
Carlos III de España, hacia 1760, por Anton Raphael Mengs y taller. Su nombre ha aparecido también relacionado
con una supuesta concesión de la feria de Padul, pero la investigación realizada no ha localizado ninguna cédula,
provisión o privilegio que permita sostener esa atribución. Museo Lázaro Galdiano.
Foto: Laci3 / Wikimedia Commons, CC0.
Lo que sí aparece, como acabamos de ver, es documentación real de su época relacionada con Padul. La Real Orden de 1774 demuestra que el municipio está presente en las series documentales de aquellos años.
Pero no habla de una feria.
Existe además una dificultad cronológica evidente. Carlos III murió en 1788, mientras que la noticia de 1858 afirma expresamente que la feria había sido concedida «en el año anterior».
Para hacer compatibles ambas cosas habría que demostrar que en 1857 se produjo el restablecimiento, reorganización o nueva autorización de una feria anterior del siglo XVIII.
Eso podría haber ocurrido.
Lo que falta es el documento que lo demuestre.
Por tanto, la formulación correcta es inequívoca: hoy no existe una prueba documental localizada que permita atribuir la Feria de Ganado de Padul a Carlos III.
“La tradición de Carlos V está documentada como tradición. La concesión de 1857 está documentada como hecho. Y una cédula de Carlos III no ha aparecido. Son tres niveles de prueba distintos.”
Tampoco sabemos todavía cuándo comenzó a llamarse «Real»
Aquí aparece otro asunto que solemos dar por resuelto porque estamos acostumbrados al nombre actual.
La fuente de 1858 habla de «Feria del Padul». En 1881 vuelve a aparecer esa denominación. Las noticias localizadas entre 1893 y 1909 hablan de «feria de ganados de Padul» o fórmulas semejantes. La crónica de 1937 tampoco utiliza «Real».
Y el cartel de 1970 conservado y catalogado por la Biblioteca Nacional de España figura como «Padul: Feria de ganados y fiestas 1970, 24-27».
La expresión «Feria Real de Ganados» sí está acreditada posteriormente, dentro del bloque de prensa comprendido entre 1981 y 1993, aunque todavía no hemos podido fijar el año exacto de su primera utilización.
Desde finales del siglo XX y comienzos del XXI, la denominación Real Feria de Ganado y Fiestas está plenamente consolidada en la documentación municipal. En 2026 el propio Ayuntamiento continúa utilizando oficialmente la denominación «Feria Real de Ganado y Fiestas de Padul».
Todo esto abre otra investigación dentro de la investigación: no solamente debemos estudiar cuándo nació la feria, sino cuándo empezó a llamarse Real y por qué.
El adjetivo puede conservar la memoria de un antiguo privilegio, pero también pudo incorporarse más tarde como denominación histórica u honorífica. Mientras no aparezca la primera utilización claramente fechada o el documento que la justifique, el título, por sí solo, no demuestra una Real Cédula.
Lo que sí ha resistido con una fuerza extraordinaria son las fechas
Aquí el terreno documental es mucho más firme.
Los días 25, 26 y 27 de septiembre aparecen expresamente en la convocatoria de 1858. La misma secuencia vuelve a documentarse en 1937 y en el programa de 1959.
Díptico visual de la Feria de Ganado de Padul. A la izquierda, una recreación de inspiración histórica que incorpora los días tradicionales de feria y la referencia a la función en honor a San Sebastián; a la derecha, una interpretación contemporánea de la actual Real Feria de Ganado y Fiestas. No se trata de documentos históricos originales, sino de una recreación libre del autor basada en los datos del estudio.
No estamos, por tanto, ante tres fechas reconstruidas recientemente a partir de la costumbre.
Están en las fuentes.
La evolución posterior muestra cómo la feria ganadera y el conjunto de las fiestas fueron dejando de coincidir exactamente. En 1881 la prensa sitúa la feria el día 25 y las celebraciones vinculadas a San Sebastián entre los días 24 y 26. En 1969 el programa alcanzaba el día 28, mientras el ganado seguía teniendo su jornada el 25. El cartel de 1970 anunciaba fiestas del 24 al 27.
Entre 1981 y 1986 llegó incluso a producirse una separación más clara, con las fiestas populares trasladadas a agosto mientras la feria ganadera permanecía en septiembre.
Después volvieron a encontrarse.
En 2012 el programa municipal se extendía del 25 al 29 de septiembre y mantenía expresamente la inauguración de la Feria Real de Ganado el día 25 en Las Eras, detrás del Polideportivo.
Actualmente el Ayuntamiento sitúa la Real Feria de Ganado y Fiestas entre los días 24 y 27 de septiembre.
Detrás de todos esos cambios sigue apareciendo el 25.
La feria de 1858 ya tenía música, fuego y celebración religiosa
A veces imaginamos que primero estuvo el mercado ganadero y mucho después llegó la fiesta. La documentación obliga a matizar esa imagen.
San Sebastián de Padul. El anuncio de la Feria del Padul publicado en 1858 incluía para el segundo día una función
cívico-religiosa dedicada al santo, y la prensa de 1881 vuelve a relacionar las fiestas de septiembre con su santuario.
Imagen tratada digitalmente a partir de una fotografía de Francisco Molina Muñoz / Padul Cofrade.
En 1858, junto a ganaderos y tratantes, ya encontramos música, fuegos y una función cívico-religiosa dedicada a San Sebastián. Para el segundo día se anunciaba esa función y para el tercero un castillo de fuegos. La banda de música marcial de la villa participaría además durante las tardes en el mercado.
La noticia de 1881 vuelve a relacionar la feria de septiembre con el santuario de San Sebastián y con un programa en el que aparecen música, iluminación, verbena, función religiosa, procesión, fuegos, carreras y cucañas.
Aquella feria era ya una concentración económica alrededor de la cual el pueblo construía unos días distintos al resto del año.
No exactamente la feria que conocemos hoy, naturalmente.
Pero tampoco un simple mercado de animales aislado de la vida del pueblo.
Agua y pastos explican mejor el éxito que cualquier adorno posterior
Una de las partes más interesantes del aviso de 1858 es que explica por qué Padul podía resultar atractivo para ganaderos y tratantes.
Habla de agua abundante, pastos y del precio reducido de estos, además de las condiciones del mercado y de la estancia para las personas. Son detalles que pueden parecer secundarios a nuestros ojos, pero eran decisivos cuando había que mantener durante varias jornadas una concentración importante de animales.
Un caballo, un mulo o un burro no llegaba a la feria, se exponía unas horas y desaparecía en un remolque.
Había que trasladarlo, alimentarlo, abrevarlo y disponer de espacio mientras se negociaba.
Los tratantes también necesitaban alojamiento y comida.
Mercado de ganado en las afueras de la Puerta de Toledo de Madrid, publicado en 1872 en La Ilustración Española y Americana. La imagen no corresponde a Padul; se utiliza como referencia visual de cómo funcionaban los mercados ganaderos españoles
en una fecha próxima a la concesión documentada de la feria paduleña en 1857.
Vicente Urrabieta / Tomás Carlos Capuz. Dominio público.Wikimedia Commons.
A su alrededor funcionaban posadas, cuadras, tabernas, vendedores y toda una actividad temporal que convertía durante unos días una parte del pueblo en un espacio económico distinto.
La memoria oral del siglo XX añade después caballos, mulos y burros, corredores que mediaban en los negocios, las Eras, las chozas improvisadas y estancias de varios días.
Pero también aquí hay que respetar el tipo de fuente.
El anuncio de 1858 habla genéricamente de «ganados». Las especies concretas proceden de testimonios posteriores.
1937 demuestra hasta qué punto la feria seguía siendo necesaria
En plena Guerra Civil, la feria se celebró los días 25, 26 y 27 de septiembre.
La crónica localizada habla de transacciones considerables pese a las dificultades de transporte y a la escasez de ganado, así como de compradores y tratantes procedentes de numerosos puntos de la provincia.
El programa festivo estaba lógicamente reducido por las circunstancias, pero el negocio ganadero continuó.
Ese episodio ayuda a entender la función que tenía entonces la feria. Si en una situación extraordinaria podían reducirse los festejos y, sin embargo, seguir celebrándose los tratos, es porque todavía respondía a una necesidad económica real.
Décadas después ocurrirá prácticamente lo contrario: disminuirá la necesidad del mercado ganadero, pero sobrevivirá la fiesta.
Ahí está uno de los cambios más importantes de toda su historia contemporánea.
Cuando el tractor fue ocupando el lugar del mulo
La mecanización del campo terminó modificando aquello que había justificado durante décadas grandes concentraciones de caballerías.
El caballo, el mulo y el burro dejaron progresivamente de ser fuerza imprescindible para el trabajo agrícola y el transporte. Tractores, camiones y vehículos redujeron tanto la necesidad de adquirir animales de labor como el tiempo necesario para llevarlos y retirarlos de una feria.
La celebración tuvo que cambiar con el pueblo.
Los programas fueron incorporando deportes, actuaciones, gastronomía, maquinaria agrícola, concursos, actividades ecuestres y demostraciones relacionadas con las labores tradicionales.
Entre 1981 y 1986 incluso se ensayó aquella separación entre las fiestas de agosto y la feria ganadera de septiembre. Posteriormente ambas volvieron a unirse.
En 2012 todavía aparecía expresamente la exposición de maquinaria agrícola junto a la Feria Real de Ganado.
La feria que ha llegado hasta nosotros no es idéntica a la que necesitaban los labradores del siglo XIX. Esa diferencia no constituye una pérdida de autenticidad: explica su capacidad para continuar cuando desapareció buena parte de la función económica que la había sostenido.
“La feria no permaneció igual durante siglo y medio. Ha llegado hasta nosotros porque fue cambiando cuando cambió la economía que la había hecho necesaria.”
La transmisión oral sirve, siempre que sepamos qué le estamos preguntando
Un estudio como este no debería enfrentar archivo y memoria.
Los recuerdos de quienes conocieron la feria tradicional conservan datos que difícilmente aparecerán en un acta: cómo se examinaba un animal, cuánto duraba un trato, dónde dormían los marchantes, cómo intervenía un corredor o qué ambiente tenían las Eras.
La entrevista publicada en 2003 a Antonio González García, propietario de La Posada, recordaba dos jornadas fuertes de compraventa, la marcha habitual al tercer día y una presencia importante de caballos, mulos y burros.
Incluso estimaba que en tiempos pasados podían haberse concentrado alrededor de un millar de animales.
Ese último dato debe escribirse como lo que es: una estimación basada en la memoria de un testigo, no un censo municipal de ganado.
Precisamente así gana valor el testimonio. No necesitamos convertirlo en estadística para que nos ayude a entender una feria que todavía recuerdan muchas familias de Padul.
¿Dónde estuvo realmente el ganado?
También aquí la respuesta cambia según la época.
La noticia de 1858 habla del «sitio del mercado», del agua y de los pastos, pero todavía no hemos localizado una fuente primaria que permita identificar con precisión ese espacio.
En 1881 el santuario de San Sebastián aparece como centro de buena parte de los actos festivos y religiosos, pero eso no demuestra que todo el ganado se encontrase allí.
La crónica de 1937 sitúa puestos y pequeño comercio en la plaza de San Sebastián y la calle del Santo, sin identificar necesariamente esos puntos con el recinto animal.
La memoria del siglo XX lleva después hacia Las Eras y la Era de Los Álamos.
En 2012 el programa municipal sí fija claramente la Feria Real de Ganado en Las Eras, detrás del Polideportivo Municipal.
Más adelante se consolidarán las instalaciones próximas al antiguo trazado del tranvía y la actual Nave Ganadera.
Es otro ejemplo de cómo una misma tradición puede conservar su nombre mientras cambia físicamente de lugar.
El documento de 1857 sigue siendo la pieza decisiva
Después de revisar la tradición imperial y de comprobar que los archivos conservan otras cédulas, cartas y órdenes reales relacionadas con El Padul, el objetivo principal no ha cambiado.
Necesitamos encontrar el expediente que explique qué ocurrió exactamente en 1857.
Puede ser un acta municipal, un oficio dirigido al gobernador, correspondencia con la Diputación, un anuncio en el Boletín Oficial de la Provincia, una cuenta del Ayuntamiento o incluso una referencia indirecta incorporada a otro expediente.
Lo verdaderamente decisivo sería encontrar una fórmula que dijera quién acordó establecer la feria, qué fechas fijó, dónde debía celebrarse y, especialmente, si aquella decisión invocaba algún derecho o privilegio anterior.
La descripción pública del fondo del Ayuntamiento de Padul comienza en 1903, de modo que los libros municipales de 1856-1858 no aparecen en esa ficha.
Eso no permite afirmar que hayan desaparecido.
Pueden estar sin describir, haber sido transferidos o conservarse en otra institución.
A partir de aquí todavía queda bastante por mirar. Yo empezaría por casa, por el propio Ayuntamiento de Padul, y seguiría por el Archivo de la Diputación, el Histórico Provincial y el Boletín Oficial de la Provincia. Tampoco dejaría fuera el Archivo Municipal de Granada, porque durante mucho tiempo Padul estuvo ligado administrativamente a la ciudad y por ahí puede aparecer alguna referencia que ahora mismo se nos esté escapando.
Y luego está Carlos V. Si de verdad existió esa concesión que se viene repitiendo desde hace años, habrá que intentar encontrarla donde tendría más sentido que hubiese dejado rastro. Ahí entran Simancas, el Archivo Histórico Nacional y la Real Chancillería de Granada. Puede que no aparezca nada, pero mientras esos fondos no se revisen a fondo, yo no daría la búsqueda por cerrada.
Y aquí hay una cuestión importante: esas búsquedas no deben limitarse a escribir «Padul» en un buscador. Una disposición que afectase al pueblo podía estar descrita bajo Granada, Valle de Lecrín, jurisdicción de Granada, corregidor de Granada, mercados, abastos, propios, ganados o privilegios, sin que Padul aparezca necesariamente en el título del expediente.
Una sola pieza de 1857 que dijera «se establece», «se concede», «se restablece» o «en virtud del privilegio de…» podría resolver de una vez si la feria decimonónica nació entonces o si recuperaba jurídicamente un derecho anterior.
Lo que podemos afirmar hoy, sin rodeos
La feria fue concedida en 1857.
Sí. Lo afirma expresamente el aviso publicado por La Alhambra el 10 de septiembre de 1858.
La fuente indica que ya se celebró en 1857.
Sí. El texto habla de la concurrencia lograda y de la comunicación tardía realizada el año anterior.
Los días 25, 26 y 27 de septiembre forman parte del calendario histórico de la feria.
Sí. Constan en 1858 y vuelven a documentarse, entre otros momentos, en 1937 y 1959.
Carlos V concedió una feria anual a Padul.
Es una tradición institucional repetida por el Ayuntamiento, pero la licencia o privilegio original no ha sido localizado con fecha, archivo y signatura.
Existe una Real Cédula de Carlos V concediendo la Feria de Ganado de Padul.
No podemos afirmarlo hoy. No hemos localizado ni identificado documentalmente esa cédula.
Carlos III concedió la feria.
No podemos afirmarlo. No ha aparecido ningún documento que lo sostenga.
El título «Real» se utilizó desde el origen.
No está demostrado. No aparece en las primeras fuentes localizadas y seguimos sin conocer el momento exacto de su incorporación.
Existen otras cédulas, cartas y órdenes reales relacionadas con El Padul.
Sí. Están documentadas, pero tratan de jurisdicción, cargos municipales, gobierno, aguas y otros asuntos. Ninguna de las localizadas concede la feria.
Infografía de síntesis sobre la evolución histórica de la Feria de Ganado de Padul. La pieza resume la tradición institucional vinculada a Carlos V, la concesión documentada de 1857, la noticia de 1858, la evolución posterior de la feria y su continuidad actual. Se trata de una elaboración gráfica propia basada en los datos y conclusiones de este estudio. Francisco Molina Muñoz / Padul Cofrade.
Una historia suficientemente importante para no necesitar que la adornemos
Lo que tenemos delante no es poco.
Hay una fuente contemporánea que sitúa una concesión en 1857. Tenemos documentados los días 25, 26 y 27 desde 1858. Sabemos que ganaderos y tratantes acudían ya entonces y conocemos algunas de las condiciones que hacían atractivo el mercado.
Música, San Sebastián y fuegos estaban presentes prácticamente desde el comienzo de la serie documental que hemos podido reconstruir. Después aparecen nuevas noticias en 1881, 1893, 1908, 1909 y 1937, programas del siglo XX y una transformación progresiva que conduce desde el gran mercado de animales de labor hasta la feria que hoy conserva Padul.
También sabemos dónde están nuestros límites.
No podemos publicar como hecho una Real Cédula de Carlos V porque no la hemos localizado.
No podemos atribuir la feria a Carlos III porque no existe actualmente un documento identificado que lo sostenga.
Y tampoco sabemos aún en qué momento exacto comenzó a utilizarse de forma habitual el título «Real».
Después de esta investigación, la formulación que considero correcta es esta:
La Feria de Ganado de Padul está documentada desde 1857. El Ayuntamiento conserva una tradición que remonta sus orígenes a Carlos V, pero el privilegio o licencia imperial no ha sido localizado con una referencia archivística comprobable. La atribución a Carlos III no cuenta, por ahora, con respaldo documental.
No hace falta añadirle nada para que sea una historia extraordinaria.
Lo que falta no se rellena: se busca.
Y si algún día aparece el privilegio antiguo, habrá que leerlo, fecharlo, situarlo en su contexto y cambiar lo que sea necesario.
Hasta entonces, 1857 es la fecha que podemos defender con documentos.
FUENTES Y REFERENCIAS
La Alhambra: diario granadino, año II, n.º 420, 10 de septiembre de 1858, p. 4.
Fuente contemporánea fundamental para la concesión de 1857, el calendario de los días 25, 26 y 27, la presencia de ganaderos y tratantes, las condiciones de agua y pastos y el programa festivo asociado.
Tribunal Constitucional — Sentencia 84/1993, de 8 de marzo.
Recoge expresamente el Real Decreto de 28 de septiembre de 1853 como norma que atribuyó a los ayuntamientos la facultad de establecer ferias y mercados.
Ayuntamiento de Padul — Programación de la Real Feria y Fiestas 2012.
Fuente institucional que atribuye a Carlos V una licencia anual para organizar la feria y sitúa aquel año el recinto ganadero en Las Eras, detrás del Polideportivo.
Ayuntamiento de Padul — Fiestas.
Página institucional actual que remonta los orígenes de la feria a la época de Carlos V.
Archivo Municipal de Granada — C.01862.00038.
Diligencias realizadas en El Padul en cumplimiento de una cédula real dada en Madrid el 27 de mayo de 1617 sobre los oficios de regimiento de los pueblos de la jurisdicción de Granada. No se refiere a la feria.
Archivo Municipal de Granada — C.01862.00054.
Carta real haciendo merced a Granada de la posesión de la jurisdicción, señorío y vasallaje de la villa de El Padul. No trata de mercados ni de ferias.
Archivo Municipal de Granada — C.03649.0133, 11 de marzo de 1774.
Real Orden relacionada con el Gobierno del Padul, la Administración de Aguas y el peso de Almojarife. Es documentación de época de Carlos III, pero no constituye una concesión ferial.
Biblioteca Nacional de España — “Padul: Feria de ganados y fiestas 1970, 24-27”.
Registro utilizado para seguir la evolución de la denominación histórica de la feria.
Antonio González García / Vitaliano Fortunio — “Recuerdos de la Feria de Ganado de Padul”, 2003.
Fuente oral para reconstruir las prácticas de compraventa, la duración de los tratos, los animales y la dimensión recordada de la feria. Los datos cuantitativos procedentes de esta entrevista deben entenderse como estimaciones testimoniales.
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