La Borriquilla de Padul: veinticinco años de historia que culminan en dos jornadas extraordinarias
Por Francisco Molina Muñoz
Director de Padul Cofrade
Padul, 27 de octubre de 2026
Nuestra Señora del Valle durante su salida extraordinaria del XXV aniversario de La Borriquilla de Padul.
La nueva Casa de Hermandad, los traslados de Nuestro Padre Jesús de la Victoria y la salida extraordinaria de Nuestra Señora del Valle han marcado un octubre que permanecerá en la memoria de la corporación. Detrás de las imágenes, la música y las calles llenas hay un cuarto de siglo de trabajo, decisiones y personas que han contribuido a hacer realidad una hermandad que nació en 2001.
Hay acontecimientos que se preparan durante meses, se viven durante unas horas y terminan formando parte de la memoria de un pueblo. Las jornadas extraordinarias celebradas por la Hermandad de Nuestro Padre Jesús de la Victoria y Nuestra Señora del Valle, La Borriquilla de Padul, pertenecen a esa categoría. No solo por la extraordinaria presencia de sus Titulares en las calles, por la música o por las imágenes que dejaron sus pasos, sino porque han permitido contemplar de manera conjunta el resultado de veinticinco años de trabajo.
El aniversario no se limitó a dos procesiones. Comenzó públicamente en julio con la presentación de un programa conmemorativo que todavía tiene actividades pendientes. Continuó con una exposición fotográfica, la culminación de la nueva Casa de Hermandad y el traslado de las imágenes titulares a su nueva sede.
Finalmente llegaron el 11 de octubre, con Nuestro Padre Jesús de la Victoria, y el 24 de octubre, con Nuestra Señora del Valle.
Fueron celebraciones distintas, preparadas con criterios diferentes, pero unidas por una misma circunstancia: por primera vez, La Borriquilla pudo vivir sus grandes jornadas desde la Casa de Hermandad que llevaba tantos años esperando.
De aquellos primeros pasos a la Hermandad de hoy
Para comprender lo ocurrido durante este aniversario conviene volver al origen de la corporación. El 29 de mayo de 2001, Andrés Rejón Sánchez, Santiago Bueno Rejón y quien firma estas líneas pusimos por escrito las bases iniciales de una nueva Hermandad. Entonces hubo que decidir prácticamente todo: advocaciones, símbolos, colores, jornada procesional y un buen número de cuestiones que hoy forman parte de su identidad.
Nada estaba resuelto de antemano. Tampoco existía el patrimonio que actualmente conocemos. Había una idea, algunas personas dispuestas a llevarla adelante y una considerable cantidad de trabajo por realizar.
Los días 8 y 9 de abril de 2006 se presentaron públicamente las imágenes y el primer paso de Nuestro Padre Jesús de la Victoria en el Centro Cultural Federico García Lorca. En 2007 llegó la primera salida procesional del Señor y, al año siguiente, en 2008, comenzó a consolidarse el Domingo de Ramos que hoy identifica a La Borriquilla.
Nuestra Señora del Valle inició su trayectoria procesional bajo palio en 2013. Desde entonces, ambas imágenes han formado parte de una celebración que varias generaciones de paduleños han visto crecer.
El paso del tiempo tiene una particularidad: acaba convirtiendo en algo habitual lo que en su momento costó años conseguir. Quienes hoy son niños no conocieron las primeras reuniones ni las dificultades de aquellos comienzos. Para ellos, el Señor de la Victoria, la Virgen del Valle, sus pasos y sus cuadrillas forman parte de la Semana Santa de Padul desde que tienen memoria.
Y quizá esa sea una de las mejores consecuencias de estos veinticinco años: haber conseguido que una iniciativa que nació de unas pocas personas sea hoy una tradición reconocible para muchos vecinos.
El aniversario comenzó mirando hacia atrás
El 23 de julio de 2026, los salones parroquiales acogieron la presentación pública del XXV Aniversario Fundacional. El hermano mayor, Andrés Rejón Sánchez, dio a conocer el programa de actos y el logotipo conmemorativo diseñado por Cristóbal Juárez Soto.
La programación quiso abarcar diferentes aspectos de la vida de la Hermandad: cultos, formación, actividades para los niños, música, iniciativas de carácter solidario y acontecimientos extraordinarios.
En septiembre llegó una de las propuestas más relacionadas con la conservación de su memoria. El patio interior del Ayuntamiento de Padul acogió una exposición formada por treinta y cinco composiciones fotográficas que recorrían la historia de La Borriquilla.
Preparar aquella muestra exigió revisar miles de fotografías, identificar personas y fechas, recuperar episodios y relacionar acontecimientos que, contemplados por separado, podían parecer poco significativos.
En las imágenes estaban los primeros años, las salidas procesionales, las cuadrillas, los estrenos, los enseres y muchas personas que han acompañado a la Hermandad durante este tiempo.
Pero la exposición también tuvo otra virtud: despertó conversaciones. Hubo visitantes que se reconocieron en fotografías antiguas, otros que intentaban recordar nombres y escenas, y quienes descubrieron cómo habían cambiado los pasos y las propias personas.
Aquellas láminas no representaban únicamente el pasado de La Borriquilla. También ayudaban a comprender por qué el aniversario tenía tanto significado para quienes habían participado en su historia.
La nueva Casa de Hermandad, un proyecto largamente esperado
Mientras la exposición permitía recorrer los primeros veinticinco años de la corporación, la Hermandad estaba culminando uno de sus proyectos de mayor importancia.
La nueva Casa de Hermandad, situada en el número 23 de la calle Pintor Julio García Villena, había comenzado a hacerse realidad con la colocación de su primera piedra el 23 de noviembre de 2025. Bajo ella quedó depositada una caja del tiempo con documentos y objetos vinculados a la corporación.
Menos de un año después, el edificio estaba preparado para recibir los pasos, los enseres y, sobre todo, a los Sagrados Titulares.
Fachada de la nueva Casa de Hermandad de La Borriquilla, situada en la calle Pintor Julio García Villena.
La disponibilidad de una sede adecuada supone mucho más que contar con espacio de almacenamiento. Significa disponer de un lugar propio para trabajar, preparar los cultos, organizar los pasos, conservar el patrimonio y desarrollar actividades que durante años habían dependido de soluciones provisionales.
Pero aquella Casa de Hermandad no se terminó sola.
Bajo la responsabilidad y coordinación del hermano mayor, Andrés Rejón Sánchez, numerosos hermanos y colaboradores dedicaron incontables horas a concluir las instalaciones y acondicionar los espacios. A ello se sumó el trabajo de los equipos de priostía, encargados de preparar los pasos, limpiar y organizar los enseres y resolver los numerosos detalles que preceden a una celebración extraordinaria.
Interior de la nueva Casa de Hermandad, preparada para acoger
los pasos y enseres de la corporación.
Participaron mujeres y hombres, jóvenes y mayores, cada uno dentro de sus posibilidades. Muchas de esas personas no aparecen en las fotografías que después alcanzan mayor difusión, pero sin su dedicación difícilmente se habría podido celebrar el aniversario como se hizo.
La Casa de Hermandad es también el resultado de ese esfuerzo colectivo.
Un ensayo que terminó haciendo historia
La noche del viernes 9 de octubre, la cuadrilla de Nuestro Padre Jesús de la Victoria realizaba un ensayo. Al concluir, el paso fue trasladado hasta la nueva Casa de Hermandad.
El paso de Nuestro Padre Jesús de la Victoria durante su traslado nocturno tras el ensayo del 9 de octubre.
Aquel movimiento, que formaba parte de los preparativos, terminó convirtiéndose en un acontecimiento significativo: el paso de misterio entraba por primera vez en el edificio que desde entonces debía acogerlo.
No se trataba todavía de la bendición oficial ni de una salida extraordinaria. Era una jornada de trabajo, con costaleros y colaboradores realizando una tarea necesaria para los actos siguientes.
Primera entrada del paso de misterio del Señor de la Victoria en la nueva Casa de Hermandad.
Precisamente por eso merece conservarse su recuerdo. La historia de una hermandad también se escribe en sus ensayos, en los desplazamientos de sus pasos y en esas primeras veces que solo adquieren su verdadero significado cuando se contemplan con cierta perspectiva.
Al atravesar el portón, el paso comenzó a dar sentido a la nueva Casa de Hermandad.
Fotografía de grupo de los integrantes de la cuadrilla de Nuestro Padre Jesús de la Victoria en la nueva Casa de Hermandad.
El 10 de octubre: los Titulares llegan a su nueva casa
Al día siguiente, sábado 10 de octubre, se vivió uno de los momentos centrales del aniversario.
Nuestro Padre Jesús de la Victoria y Nuestra Señora del Valle fueron trasladados desde la parroquia de Santa María la Mayor hasta la nueva Casa de Hermandad, donde el párroco de Padul, don Carlos José Fernández Peñafiel, procedió a la bendición del edificio.
La fachada estaba iluminada y el portón abierto. Sobre ella sonó por primera vez la campana que, apenas unos días después, acabaría anunciando también la salida y el regreso de los pasos.
La entrada de los Titulares transformó el significado de cuanto se había construido. Ya no se hablaba únicamente de un proyecto terminado o de unas instalaciones nuevas. La Hermandad disponía de una sede en la que sus imágenes titulares tenían un lugar propio.
Era el cierre de una etapa y el comienzo de otra. Y al día siguiente aquella misma puerta volvería a abrirse para una jornada que muchos paduleños recordarán durante mucho tiempo.
El 11 de octubre: los niños abrieron el camino al Señor
La jornada extraordinaria de Nuestro Padre Jesús de la Victoria se celebró el domingo 11 de octubre bajo el lema «Dejad que los niños se acerquen a mí».
Costaleros y capataces se preparan para el traslado extraordinario del Señor de la Victoria.
A las diez de la mañana, los niños ocupaban un lugar especialmente destacado en el cortejo. Muchos portaban velas y algunos caminaban acompañados por sus padres. Su presencia no era un elemento meramente ornamental: representaba la continuidad de una Hermandad fundada veinticinco años atrás.
Tras la emotiva llamá del hermano mayor, Andrés Rejón Sánchez, el paso inició su primera salida desde la nueva Casa de Hermandad, mientras volvía a escucharse la campana.
El traslado de ida se realizó en silencio. El cuerpo de capataces estuvo formado por Francisco Pérez Buendía, Nicolás Merlo Valero, Miguel Ángel Sánchez Atienza y Agustín García Morales.
La mañana permitió al Señor recorrer lugares poco habituales para su paso de misterio. La Hermandad quiso compartir la celebración con otras corporaciones de Padul, pasando por las inmediaciones de distintas casas de hermandad y encontrando a su paso a hermanos y representantes de otras cofradías.
La configuración de algunas calles impidió incorporar determinadas sedes al recorrido, como sucedió con la Casa de Hermandad de la Fraternidad, pero ello no significó su ausencia de la celebración.
Fue, en definitiva, una mañana en la que el carácter propio de La Borriquilla convivió con la participación del resto del mundo cofrade paduleño.
Uno de los momentos de la salida del Señor de la Victoria desde la nueva Casa de Hermandad.
Los jardines de la Estación ofrecieron una imagen inédita
Uno de los momentos más singulares llegó cuando el paso alcanzó los jardines de la Estación.
Hasta entonces no se había contemplado un paso procesional atravesando aquel espacio de la manera en que lo hizo Nuestro Padre Jesús de la Victoria. La arboleda, los grandes plátanos, las perspectivas abiertas y la presencia de Sierra Nevada al fondo transformaron completamente la escena.
Nuestro Padre Jesús de la Victoria atraviesa los jardines durante el traslado matinal del 11 de octubre.
El sol de octubre iluminó la orfebrería del paso, al que dentro de la propia Hermandad se ha denominado alguna vez «el blindado de plata». Sus reflejos adquirieron una intensidad difícil de apreciar durante las salidas nocturnas.
A ello se sumó el incienso de los acólitos. Por momentos, el humo ocultaba parcialmente el misterio, mientras los rayos de sol atravesaban la nube y dejaban aparecer nuevamente las siluetas de las imágenes.
El misterio del Señor de la Victoria, entre el arbolado y la luz de la mañana.
No fue una escenografía preparada. Sucedió durante el recorrido y ofreció algunas de las fotografías más expresivas de toda la jornada.
El exorno floral del misterio también había sido preparado especialmente para la ocasión por los hermanos José Ángel González Lebrón y Francis González Lebrón. La composición reunió diferentes variedades de anturios, lisianthus, lilium, cymbidium, alstroemerias, rosas, tulipanes y otros elementos vegetales, en una combinación de blancos, amarillos, naranjas y tonalidades suaves.
Las imágenes del misterio fueron vestidas por Miguel Ángel Padilla Pérez, responsable habitual de esta labor en la Hermandad.
La luz del sol ilumina el paso de Nuestro Padre Jesús de la Victoria durante su recorrido extraordinario.
Una Eucaristía de Acción de Gracias en la Carpa Municipal
Tras su paso por los jardines, el Señor continuó hasta la Plaza de la Constitución y la Carpa Municipal, donde se había dispuesto un altar para la Misa de Acción de Gracias del XXV aniversario.
La celebración comenzó a las doce del mediodía y estuvo presidida por el párroco, don Carlos José Fernández Peñafiel, con la participación del coro parroquial.
Los niños volvieron a tener presencia en la Eucaristía, interviniendo algunos de ellos en las peticiones.
La carpa, utilizada habitualmente para otras actividades, se convirtió durante unas horas en un espacio de celebración religiosa. El paso de Nuestro Padre Jesús de la Victoria presidía el altar ante hermanos, vecinos, autoridades e invitados.
Nuestro Padre Jesús de la Victoria preside la celebración eucarística del XXV aniversario fundacional.
La homilía tuvo momentos de especial cercanía, con referencias conocidas que ayudaron a conectar el mensaje evangélico con los asistentes.
Aquella celebración daba sentido a todo el traslado matinal: no se trataba simplemente de recorrer unas calles diferentes, sino de dar gracias por los primeros veinticinco años de la Hermandad.
Dos agrupaciones musicales para una tarde extraordinaria
A las 16:30 horas comenzó el traslado de regreso.
La mañana había transcurrido en silencio. La tarde estuvo marcada por el acompañamiento musical de la Agrupación Musical Nuestra Señora de la Encarnación de Almuñécar.
El paso volvió a pasar por los jardines, donde sonó «Salve, Rey de la Victoria», marcha dedicada al Titular y recibida con especial entusiasmo por los costaleros y quienes seguían el misterio.
Más adelante, al llegar a la zona de San Isidro, junto a la Casa de Hermandad de San Juan Evangelista, se incorporó la Agrupación Musical Santísimo Cristo de Gracia de Córdoba.
Durante un tramo del recorrido, las dos formaciones tocaron conjuntamente detrás del paso. No se trató de una alternancia entre bandas, sino de una interpretación compartida que produjo uno de los momentos musicales más destacados de la jornada.
Nuestro Padre Jesús de la Victoria preside la celebración eucarística del XXV aniversario fundacional.
Ambas agrupaciones continuaron juntas hasta las inmediaciones de la Casa de Hermandad del Crucificado. Desde allí, la formación cordobesa asumió el acompañamiento hasta la entrada del Señor.
La presencia de las dos agrupaciones, el repertorio interpretado y el andar del misterio despertaron una considerable expectación entre los aficionados a la música procesional.
También llamó la atención la gran cantidad de cámaras, teléfonos y equipos de grabación que acompañaron al paso. Numerosos medios y creadores de contenido difundieron imágenes de la jornada, permitiendo que lo ocurrido en Padul alcanzara a personas que hasta entonces no habían tenido ocasión de contemplar a La Borriquilla en la calle.
El regreso del Señor, después de trece horas
La tarde dio paso a la noche y el misterio volvió a mostrar una imagen diferente. La luz del sol que había iluminado su plata durante la mañana fue sustituida por los candelabros del paso y el alumbrado de las calles.
A medida que se acercaba el final, resultaba visible el cansancio de los costaleros, de los músicos y de cuantos habían participado en una jornada prolongada e intensa.
Alrededor de las once de la noche, Nuestro Padre Jesús de la Victoria regresó a la nueva Casa de Hermandad.
El mismo portón que lo había recibido tras el ensayo y que por la mañana había servido para su primera salida desde aquella sede acogía ahora su regreso.
El paso del Señor de la Victoria durante el traslado extraordinario de regreso.
Uno de los momentos más emotivos llegó cuando los músicos entonaron el «Dios te salve, María» y el público se sumó al canto.
Numerosos vecinos y visitantes acompañan el regreso nocturno del Señor de la Victoria.
Después de tantas marchas, el sonido de las voces dio a la entrada un carácter especialmente recogido.
Llegaron los aplausos y los abrazos. La cuadrilla había culminado una jornada de aproximadamente trece horas y la Hermandad podía contemplar una de las celebraciones más importantes de su historia reciente.
Pero todavía quedaba la salida extraordinaria de Nuestra Señora del Valle.
Nuestra Señora del Valle se preparaba para el 24 de octubre
Durante los días siguientes, buena parte del trabajo se concentró en el paso de palio.
Miguel Ángel Padilla Pérez, vestidor de los Sagrados Titulares, preparó a Nuestra Señora del Valle para una ocasión que requería especial atención.
La presentación de la imagen contó con la colaboración de otras hermandades. La saya fue prestada por la Hermandad del Rosario de Granada; la toca procedía de la Virgen del Rosario de Linares; y la corona, de la Esperanza de Lanjarón.
Dos perspectivas de Nuestra Señora del Valle, ataviada para su salida extraordinaria del XXV aniversario.
A estas aportaciones se sumaron varias donaciones destinadas al ajuar de la Virgen, entre ellas unos pendientes de oro y encajes de especial valor artesanal, como la aplicación de Bruselas y el punto ruso trabajado a mano.
Uno de los estrenos más significativos fue un broche pectoral bordado en oro que representa a San Sebastián, patrón de Padul. La pieza incorpora una pintura al óleo realizada por Pablo Molina, enmarcada dentro de un trabajo diseñado y ejecutado por el taller de Alejandro López García.
La presencia de San Sebastián en el pecho de Nuestra Señora del Valle establecía un vínculo especialmente expresivo entre la imagen mariana y una de las devociones más arraigadas de la localidad.
Las flores y la candelería del palio
El exorno floral fue realizado también por Miguel Ángel Padilla Pérez, que escogió una composición en tonalidades rosas, crema y melocotón.
Entre las flores utilizadas se encontraban alhelíes, orquídeas, rosas de jardín, rosas Esperance, rosas ramificadas, dalias, claveles y flor de cera.
Los centros florales aportaban diferentes texturas y volúmenes, pero uno de los detalles más singulares se encontraba en los dos varales delanteros del palio, adornados con guirnaldas de flor de cera blanca dispuestas en espiral.
Detalle del exorno floral y de la ornamentación del paso de palio de Nuestra Señora del Valle.
La misma decoración aparecía en varias velas de la candelería, de modo que las flores se integraban en la propia estructura del paso.
El resultado ofrecía una presentación especialmente cuidada, concebida para adquirir toda su expresión cuando la Virgen recorriera las calles iluminada por la candelería.
Vista frontal del paso de palio de Nuestra Señora del Valle, preparado para la procesión extraordinaria.
El Himno de San Sebastián anunció la salida de la Virgen
A las ocho de la tarde del sábado 24 de octubre, Nuestra Señora del Valle inició su salida extraordinaria desde la nueva Casa de Hermandad.
La campana volvió a sonar.
Pero hubo una particularidad que vinculó aquella salida con una de las tradiciones religiosas más reconocibles de Padul.
En lugar del Himno Nacional, la Banda de Música San Sebastián interpretó el Himno a San Sebastián, patrón de la localidad.
Para los paduleños no se trata de una composición cualquiera. Su música acompaña cada 19 de enero la bajada del Santo desde su ermita, entre hogueras y salvas, y vuelve a escucharse durante las celebraciones de su festividad y su regreso.
Es un himno que muchas generaciones han aprendido desde niños y que se canta de manera espontánea cuando suenan las primeras notas.
Así sucedió también aquella noche, cuando Nuestra Señora del Valle salió de su nueva Casa de Hermandad. La elección musical relacionaba los veinticinco años de La Borriquilla con una tradición que pertenece a la memoria religiosa y popular de Padul.
Tras el paso se situó la Banda de Música San Sebastián, formación que acompaña habitualmente a la Virgen durante el Domingo de Ramos.
Las calles estrechas dieron personalidad al recorrido
Si el 11 de octubre habían sido los jardines los que ofrecieron al Señor de la Victoria un escenario diferente, el día 24 fueron las calles estrechas del casco urbano las que dieron a la salida de Nuestra Señora del Valle buena parte de su carácter.
El itinerario incluía espacios reducidos, giros y cambios de dirección que exigían un trabajo especialmente cuidadoso por parte de la cuadrilla de costaleras.
La Virgen avanzó entre fachadas muy próximas al palio y con numerosos espectadores que buscaban un lugar desde el que contemplar su paso.
Algunos visitantes, sorprendidos por aquellas perspectivas, llegaron a comparar ciertos rincones con el Albaicín granadino.
Nuestra Señora del Valle recorre de noche las calles de Padul bajo su paso de palio.
Más allá de la comparación, lo importante era lo que reflejaban aquellos comentarios. Personas que no conocían el patrimonio de La Borriquilla estaban descubriendo una manera de vivir el mundo cofrade en Padul que les resultaba inesperada.
También llamaba la atención el andar de la cuadrilla. Las costaleras resolvieron las dificultades del itinerario con un movimiento medido y elegante, sin brusquedades y conservando la compostura del palio incluso en los giros más complejos.
Las costaleras conducen el palio de Nuestra Señora del Valle entre los asistentes a la procesión.
Desde fuera, la Virgen avanzaba con serenidad. Debajo, sin embargo, el esfuerzo resultaba enorme.
En cada relevo se podía comprobar el calor soportado por las costaleras, que salían empapadas en sudor después de trabajar bajo unas condiciones exigentes.
Aquella diferencia entre la suavidad que veía el público y el esfuerzo necesario para conseguirla fue una de las imágenes más representativas de la noche.
Una cruceta musical que acompañó cada calle
La Banda de Música San Sebastián preparó una cruceta especialmente vinculada al recorrido. El repertorio se interpretó en las calles y momentos previstos, combinando marchas de distintas épocas con composiciones estrechamente relacionadas con la devoción mariana.
Tras el Himno de San Sebastián, la salida continuó con «Esperanza de Triana Coronada» y «Tras tu Verde Manto». En Mariana Pineda sonó «El Día del Señor»; en Lavadero, «Pasan los Campanilleros» y «La Misión de la Esperanza»; y en Abenhamar, el pasodoble «Tercio de quites».
El recorrido continuó por Buega con «Hosanna in Excelsis» y «Señorita de Triana»; por Iglesia, con «Pureza Marinera»; y por Horno, con «Triana», «Pasa la Virgen Macarena» y «La Estrella Sublime».
En Cubos se interpretó «Al Cielo la Reina de Triana»; en Molino, «Madrugá Macarena»; en San Isidro, «Espíritu Santo» y «Dios te Salve, Rocío»; y en Pósito, «Encarnación Coronada».
Durante el segundo paso por Buega sonó «Amarguras» y, nuevamente en Abenhamar, «Coronación de la Macarena». El regreso por Lavadero estuvo acompañado por «La Misión de la Esperanza» y «Siempre la Esperanza», mientras que en Príncipe se interpretaron «Como Tú, Ninguna» y «Rosario de Montesión».
Finalmente, en la calle Pintor Julio García Villena sonaron «El Día del Señor» y «Reina del Valle». La entrada estuvo acompañada por «Triana», «Coronación» y el Himno Nacional.
La cruceta constituyó así una parte importante de la preparación de la procesión, adaptando el acompañamiento musical a las características de cada tramo y a los momentos más significativos de la noche.
Una alfombra de sal y el pasodoble «Tercio de quites»
Entre los episodios más recordados se encuentra el paso de Nuestra Señora del Valle por la calle Abenhamar, donde se había preparado una alfombra de sal coloreada con motivos alusivos al XXV aniversario.
Alfombra de sal coloreada preparada en homenaje a Nuestra Señora del Valle con motivo del XXV aniversario.
Aquel trabajo había transformado el pavimento en un homenaje a la Virgen.
Fue precisamente en ese lugar donde la Banda de Música San Sebastián interpretó «Tercio de quites», un pasodoble de carácter taurino que aportó un momento musical singular.
La cuadrilla respondió con un caminar elegante, adaptándose a la composición sin perder la serenidad del palio.
La escena reunía la alfombra, la música, el trabajo de las costaleras y el público que contemplaba el paso. En aquella zona se vivió también una petalada que añadió un nuevo momento de emoción al recorrido.
Durante unos instantes, una calle corriente de Padul se convirtió en uno de los lugares más destacados de aquella extraordinaria.
Padul volvió a despertar interés fuera de sus calles
Las dos jornadas extraordinarias alcanzaron una repercusión audiovisual considerable.
El 11 de octubre, numerosos fotógrafos, aficionados y creadores de contenido acompañaron el traslado del Señor de la Victoria. El día 24 volvió a repetirse la presencia de cámaras alrededor del paso de Nuestra Señora del Valle.
Entre los medios que difundieron imágenes de la salida mariana estuvieron PTV Granada y Lirio de Judea, junto a otros creadores y canales especializados. También se realizaron retransmisiones en directo a través de distintas plataformas.
Algunas personas llegadas desde fuera reconocían que conocían La Borriquilla únicamente por fotografías o por referencias, pero nunca habían contemplado sus pasos en la calle.
La celebración del aniversario les permitió hacerlo.
Resulta especialmente interesante que muchas de esas valoraciones surgieran espontáneamente, mientras se desarrollaban los recorridos. No eran declaraciones preparadas para una publicación. Eran impresiones de quienes contemplaban por primera vez unas imágenes, unos pasos y unas cuadrillas que en Padul llevan años formando parte del Domingo de Ramos.
La difusión audiovisual permitió prolongar aquella experiencia más allá de las calles y acercarla a personas que seguían las procesiones desde otros lugares.
Nuestra Señora del Valle regresó a su Casa de Hermandad
La noche avanzó y el esfuerzo de la cuadrilla, de los músicos y de todos los participantes comenzó a hacerse visible.
Sin embargo, el palio mantuvo hasta el final el andar que había caracterizado su recorrido.
Alrededor de las 23:45 horas, Nuestra Señora del Valle regresó a la nueva Casa de Hermandad, cerrando una salida extraordinaria que había permitido descubrir perspectivas poco habituales de la Virgen y de las calles de Padul.
El paso de Nuestra Señora del Valle durante uno de los momentos finales de la procesión extraordinaria.
Como había ocurrido trece días antes con Nuestro Padre Jesús de la Victoria, el regreso estuvo acompañado por la emoción de quienes habían participado en la organización y el desarrollo de los actos.
La celebración llegaba a su fin, pero permanecían las fotografías, las grabaciones, la música y el recuerdo de los momentos vividos.
Veinticinco años que explican mucho más que dos procesiones
Al contemplar las jornadas del 11 y del 24 de octubre resulta comprensible que la atención se dirija primero hacia los pasos. La presencia del misterio del Señor de la Victoria, el palio de Nuestra Señora del Valle, las bandas de música y los escenarios extraordinarios ofrecieron imágenes especialmente atractivas.
Pero sería incompleto recordar el aniversario únicamente por su parte más visible.
Detrás había una Hermandad fundada en 2001, años de esfuerzo para reunir su patrimonio, cuadrillas formadas con paciencia, hermanos que han dedicado una parte importante de su tiempo a la corporación y una nueva Casa de Hermandad levantada gracias a la participación de muchas personas.
También estaban los niños que precedieron al Señor, los costaleros y costaleras que soportaron jornadas exigentes, los equipos de priostía, los floristas, quienes prepararon los cortejos y quienes realizaron trabajos poco conocidos fuera de la Hermandad.
Y estaban, naturalmente, las demás hermandades de Padul, que acompañaron estos acontecimientos, así como las representaciones llegadas desde otras localidades.
La celebración del XXV aniversario ha permitido mirar atrás sin perder de vista el presente. Muchas personas que estuvieron en aquellos comienzos continúan vinculadas a La Borriquilla, mientras otras generaciones se han incorporado a una historia que recibieron ya comenzada.
La Hermandad dispone hoy de sus Titulares, de sus pasos, de su patrimonio y de una Casa de Hermandad que abre nuevas posibilidades para el futuro.
Nuestra Señora del Valle bajo palio durante la jornada extraordinaria que puso el broche procesional al XXV aniversario.
Todo ello comenzó hace veinticinco años con unas decisiones que todavía estaban por tomar.
Las jornadas extraordinarias de octubre de 2026 han servido para mostrar lo que se ha conseguido desde entonces. Y, sobre todo, para recordar que ese resultado no pertenece únicamente a quienes aparecen en los grandes momentos, sino también a todas las personas que han contribuido, de una manera u otra, a que La Borriquilla sea hoy una parte reconocible de la Semana Santa de Padul.
El aniversario continuará con los actos previstos durante los próximos meses. Pero octubre ya ocupa un lugar propio en la historia de la Hermandad.
Francisco Molina Muñoz Director de Padul Cofrade
Autoría gráfica
Las fotografías que ilustran esta crónica pertenecen al archivo personal de Francisco Molina Muñoz y al material gráfico cedido para su publicación por la Hermandad de Nuestro Padre Jesús de la Victoria y Nuestra Señora del Valle (La Borriquilla de Padul).
La celebración de los primeros veinticinco años de La Borriquilla ha sido objeto de distintas publicaciones en Padul Cofrade. Estas informaciones y artículos permiten ampliar algunos de los acontecimientos recogidos en esta crónica, conocer los preparativos del aniversario y recuperar imágenes y testimonios de una historia que continúa escribiéndose.